Edwards, Jorge


Edwards, Jorge
Viernes 13 de Junio de 2008
Vanguardias chilenas

Me piden que clausure un ciclo organizado por nuestra embajada en Madrid sobre las vanguardias chilenas de Huidobro a Bolaño. No pretendo cerrar el ciclo en la forma habitual por una sencilla razón: porque no he podido asistir a las sesiones y no he conocido, por consiguiente, los debates, si es que los hubo: las reflexiones, los desencuentros, las divagaciones varias. Pero me he pasado la mitad de la vida leyendo a Vicente Huidobro y en los últimos años descubrí la obra de Bolaño, me tocó presentar en Barcelona una novela suya, dialogué con él en una mesa redonda en París, conversé en privado en más de una ocasión y leí sus libros una y a veces muchas veces. No soy autoridad en nada y tampoco soy teórico de la literatura o crítico literario, pero me interesa decir algo sobre el tema del ciclo, que me pareció, desde luego, demasiado chileno para una feria del libro en Madrid. Hubo y todavía quedan ecos de la vanguardia iberoamericana, y creo que podemos presentarnos en el ambiente intelectual español con nociones más amplias, quizá menos parroquiales y menos profesorales.

 

Vicente Huidobro aspiró con pasión casi desesperada a ser el primer vanguardista del idioma e incluso a más que eso: a ser uno de los primeros teóricos y escritores del movimiento de vanguardia internacional que comenzaba en Europa en la década de los diez del siglo pasado. Algunos sostienen que le puso una fecha anterior a uno de sus libros a fin de poder figurar como inventor del creacionismo antes de su divulgador francés, Pierre Reverdy. Su pelea con Reverdy fue pintoresca, agitada, desorbitada, como solían ser las guerrillas literarias de aquellos años. Las que conocimos en Chile, dos o tres décadas más tarde: las batallas entre Neruda, Huidobro y Pablo de Rokha, eran ecos de las fenomenales guerras de tinta de la Europa vanguardista, las de personajes como el futurista Marinetti, el propio Huidobro, Reverdy, André Breton y muchos otros.Huidobro, como André Breton y como Marinetti, escribió manifiestos en los que defendía sus teorías. Hasta la tipografía de sus manifiestos hacía las veces de un manifiesto, era una proclama en sí misma, una ruptura con las normas gráficas tradicionales. Las mayúsculas estaban estrictamente prohibidas y las portadas eran triángulos de palabras. Mi amigo Enrique Bello Cruz, director de la revista Pro Arte, seguía esos grafismos al pie de la letra a fines de los años cuarenta y a comienzos de los cincuenta, cuando ya tenían una condición vagamente anacrónica.

 

Lo esencial en Vicente Huidobro era una noción de la escritura que no imitaba la naturaleza, que no se limitaba a describirla, sino que inventaba una naturaleza diferente, propiedad exclusiva de su creador. El poeta no debía cantar la rosa sino hacerla florecer en el poema. Y no debía describir la lluvia, sino hacer llover. Porque el poeta, en la versión huidobriana, contradicha y combatida más tarde por el Neruda de la poesía política, era un pequeño dios. Es decir, el creador de un mundo personal, autónomo, no referido al mundo de la realidad.

 

Para el efecto del seminario de estos días en Madrid, para establecer la relación de vanguardia entre Vicente Huidobro y Roberto Bolaño, es interesante observar que en Chile, a partir de novelas como La Próxima, o Mío Cid Campeador, o las minúsculas y divertidas Tres inmensas novelas, escritas por Huidobro en colaboración con el artista plástico Hans Arp, hubo un intento continuado, ingenioso, que se mantuvo durante décadas, que todavía dura y que no ha sido bien observado por la crítica, de llevar la revolución vanguardista a la prosa narrativa. No es un intento único y exclusivo de Chile, puesto que hubo novelas y relatos de vanguardia en Francia, en España y en otros países de América Latina, pero su presencia entre nosotros fue constante y fuerte. Después de las novelas de Huidobro habría que poner atención en los relatos y en las sumas narrativas de Juan Emar, seudónimo inventado por Alvaro Yáñez y basado en la expresión francesa j’en ai marre (tengo lata, tengo fastidio). Y en los cuentos y novelas de los miembros de La Mandrágora, el grupo surrealista chileno. Teófilo Cid y Braulio Arenas, fundadores del grupo, escribieron cuentos y novelas. Eduardo Anguita, que no perteneció al grupo, que se declaraba poeta católico, también publicó relatos de vanguardia. En mi recuerdo más bien vago, había un éxodo continuo, y personajes que se llamaban David, y multitudes de hormigas. Salvo que la memoria me traicione. Pero me parece que las hormigas, en algunas páginas, invadían el espacio de la escritura.

 

En mi generación, la que después Lafourcade bautizó con algo de oportunismo periodístico como generación del cincuenta, no éramos en absoluto ajenos a la vanguardia en prosa y en verso. Mi primera novela llevaba un epígrafe de Nadja, de André Breton, una de las escasas novelas que produjo el surrealismo francés. Y era un párrafo sobre el uso libre de la memoria, sobre la idea de dejarse llevar por los sucesos del pasado, suprimiendo algunos y “dejando sobrenadar aquello que sobrenada”. En uno de sus manifiestos de la década del veinte, Breton analizaba la relación entre aquello que él definía como “memoria profunda” y los procesos de la escritura. Nuestras lecturas constantes —las de Alejandro Jodorowsky, Enrique Lihn, Claudio Giaconi, mías—, eran Franz Kafka, James Joyce, Jorge Luis Borges. Eran lecturas y a la vez eran programas. José Donoso, por su lado, leía a Henry James, a los rusos, a Marcel Proust. Habría que hacerse ahora, con la perspectiva de hoy, una pregunta interesante: ¿quién era más de vanguardia, más revolucionario de la prosa narrativa: André Breton, James Joyce, o Marcel Proust? Me limito a sugerir algo: la novela es un género nuevo, en evolución constante, y no sólo cada novelista válido, sino cada novela nueva, necesita proponer su propio narrador, su propia técnica narrativa, su estructura propia. La novela es una síntesis extraordinaria de tradición y renovación. En cambio, las formas de la poesía ya estaban más o menos fijas a comienzos del siglo XX y la vanguardia fue una ruptura total: de los metros, de las rimas y hasta de la lógica interna. Detrás de esa ruptura había unas figuras precursoras: Walt Whitman, Jean-Arthur Rimbaud, Isidore Ducasse, Conde de Lautréamont. En la novela, por contraste, un Balzac, un Dostoievsky, un Gustave Flaubert, eran en forma simultánea clásicos y revolucionarios. En este aspecto, un gran revolucionario latinoamericano fue Machado de Assis, que pocos leen y conocen.

 

En la generación que siguió a la mía hubo abundante e interesante escritura de vanguardia en prosa. Pienso en este momento en Mauricio Wacquez y en Juan Agustín Palazuelos. Dos notables novelas de vanguardia fueron Paréntesis y Frente a un hombre armado. Como escribo en un avión, a fin de cumplir con mi obligación de cronista semanal, no puedo citar el título de un texto de Palazuelos. Si los lectores tienen un poco de paciencia, podrán buscarlo y encontrarlo. No hay nada más estimulante, más pedagógico, que una lectura activa y creadora. A la siga de ellos, como un desarrollo natural y una culminación, viene la prosa narrativa, en el cuento, en la novela, en la novela río y hasta en el ensayo, de Roberto Bolaño. Puedo dar fe de que a Bolaño le interesaba y apasionaba este tipo de visión evolutiva de la obra literaria. Por eso devoraba libros y no se fijaba demasiado en clasificaciones estéticas o académicas. Cuando me encontré con él por última vez, acababa de leer Pena de muerte de Enrique Lafourcade. Y su Nocturno de Chile demuestra que sabía muy bien quién era Salvador Reyes. Sus seguidores, que se han reunido en un club sumamente exclusivo, bien apadrinado y no demasiado bien informado, deberían entender un poco mejor la curiosidad intelectual insaciable y la apertura de espíritu a toda prueba de su maestro.


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7 Comentarios publicados
Posteado por:
pedrolopezlei@yahoo.es
27/09/2008 18:00
[ N° 1 ]

Don Jorge ha recibido premios internacionales en instancias que para los otorgantes les faltaba una muestra de cariño cultural.Fue cosa de suerte no de premiar el saber llegar a la gente osea a un autor muy decente, caballero,con caminos de roces, pero sin luz hacia la humanidad.Don E. Lafourcade es mas humano en sus lineas.Va a ir mas gente a su funeral.

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Felicinda Bravo
20/06/2008 10:49
[ N° 2 ]

Sr. Edwards, Ud dice o cita que el poeta no debe describir la lluvia, sino hacer llover, no describir la rosa sino que florezca.Sin embargo, Ud. presento su ultimo libro en uno de los hoteles mas feos del centro, un verdadero "no lugar", con feas moquetas cafesosas, mala iluminacion, aterrante lujo de cuarta categoria imitado de Miami...No logro comprender esa falta de sensibilidad al haber elegido - o permitido que su editorial eligiera- un lugar tan pavorosamente anti estetico para presentar un libro que, entre otras cosas, describe la placida atmosfera de Santiago en la decada de los 60, cuando Enrique Lihn y otras personas sensibles interactuaban a escala humana( que hemos perdido), en los parques como el Forestal y ese otrora amable Centro de nuestra capital, que hoy es pasto de la destruccion por parte de constructoras vampiras, que no trepidan en robarnos y destruir nuestra memoria historica y arquitectonica, para reemplazarla por horrendas torres, de pesima calidad, construidas en condiciones cuyas consecuencias vimos hace unos dias en Lyon esquina Nueva Providencia....

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viñuela de la vega
16/06/2008 13:21
[ N° 3 ]

...voy en otro avion hacia otro lado, Juan Agustin Palazuelo, un genio muerto en California...su libro
revolucionario literariamente hablando para una latinoamérica de ésos tiempos...«Segun el Orden del Tiempo»...qué buena cronica, bravo nuevamente...

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Josefina Sílva
15/06/2008 10:31
[ N° 4 ]

Me parece que esta columna aunque interesante en cuanto a la temática, carece de un esfuerzo minimo de quien la escribio. Se dejan espacios que son necesarios, totalmente en blanco. Creo que esperaba algo más..que un borrador de viaje.

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patricio
14/06/2008 18:17
[ N° 5 ]

Ud., se expresa del mundo literario con gran profusion, lo que lo hace un mundo de interes , de inquietud, el que cite a traves de los recuerdos a escritores de corte clasico ; es evocador, pues uno puede tener una gama de escritores que han pasado por nuestra vida y pueda traerlos de los recuerdos a la realidad,es una gran ganancia. De Huidobro, siempre tuve una gran inquietud, en Cagliostro hay un pasaje al final en que destruye el idioma es a mi juicio muy digna de etiqueta , donde el idioma es un dogma , la mayoria de las veces tedioso y lento. Este surrealismo es en si mismo una originalidad...La obra de Huidobro , creo que mencionarla,es sinonimo de años y misterio...Gracias

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sixto lemus
14/06/2008 15:40
[ N° 6 ]

Hágalo nomás Don Jorge, cláusure todo lo que sea arte que esa es su vena, mientras no nos nombre su nostágica trilogía escabrosa y al cuarto hombre ( Castro, Chávez, Evo y Correa), que de Arte poco o nada deben mentar aparte de las artes marciales, que ahí si son gestores. De la demás majamama de nombres de escribanos contemporáneos que nos nombra, para el mundo literario debe andar bien, ya que no creo para el usuario diario del transantiago donde hasta una estampilla en el sobaco es bulto.

Posteado por:
DIEGO URRUTIA BELMAR
14/06/2008 10:41
[ N° 7 ]

Don Jorge:
Tengo siempre el agrado de leerlo, y es mas, siento un alto grado de sensualidad, aquella sensación que produce el saber que las cosas están bien hechas y “bien escritas”, insólita situación que no es frecuente en este medio, que destacando la diferencia de situaciones y género, se equipara con aquellos sueños eróticos en que despierto, me siento acariciando a Isabel Margarita, bellísima doncella criolla, tal vez con mezcla mozárabe, a quien jamás pude ponerle una mano ni un beso encima. Su envidiable conocimiento y comprensión del complejo mundo literario y de las artes, en una palabra del espíritu, es equivalente al deseo de posesión de esa muchacha que me cautivara toda una existencia. Me alegro por Ud. y por Chile, que en las tribunas españolas se vea que no solo tenemos políticos ignorantes y ausentes de la cultura, sino que también contamos con hombres cultos, sensibles y finos, que honran a toda una nación, ¿y porque no decirlo?, a todo el mundo del habla castellana y a la humanidad, en su mas amplio espectro y dimensión..

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