Edwards, Jorge


Edwards, Jorge
Viernes 06 de Junio de 2008
La palabra clave

Me pasé los últimos dos o tres meses leyendo páginas sobre mayo del 68 en París. En mayo de 2008, nada menos que cuarenta años después, era un tema cantado. El Presidente Sarkozy, durante su campaña electoral, había criticado con singular y hasta sorprendente pasión el espíritu del 68 francés. Y las reflexiones diversas fueron a veces interesantes, originales, aun cuando no terminaron de convencerme. Entre otros motivos, porque estuve en París, en el corazón del barrio de Montparnasse, durante todo ese mes de mayo; porque vi a Daniel Cohn-Bendit encaramado en los hombros de mármol de la estatua de Augusto Comte, dirigiéndose desde esa altura a sus amigos, frente a la puerta principal de La Sorbona, y asistí en persona, bajo los frescos simbolistas de Pubis de Chavannes, a la defensa dialéctica de un Jean-Paul Sartre que daba la impresión de estar acorralado por la artillería verbal de sus jóvenes interlocutores. Los textos de estos días, en general, me parecieron aproximados, siempre aproximados, pero algo desubicados. Ahora no pretendo enfocar el tema de mayo del 68 en su conjunto: me siento más inclinado a escribir una novela que un ensayo sobre el asunto, salvo que mi novela sería necesariamente ensayística, y mi ensayo tendría una inevitable corriente narrativa. Pero voy a contar una anécdota preliminar y que puede ayudar a que nos situemos en el tiempo y en el espacio.

 

Yo venía del Congreso Cultural de La Habana, el de enero de ese año, y había pasado dos o tres días de fines de febrero en Praga, en los comienzos mismos de aquello que poco después sería conocido como la Primavera de Praga, primavera política, se entiende, uno de los primeros deshielos ideológicos de Europa del Este. Siempre sentí después que aquellos aires, que en Cuba habían llevado a un brusco retroceso, que en Praga provocaban un despertar prematuro y fallido, soplaban también, con fuerza extraordinaria, en el París de la ribera izquierda del Sena. Pues bien, me encontraba una tarde de fines de abril en La Coupole, en las mesas que dan al bulevar de Montparnasse, en compañía de Carlos Fuentes y de una amiga chilena. El tiempo se presentaba espléndido, con todos los sonidos y los perfumes de la tradición poética simbolista. Y nosotros hablábamos con vivacidad, con euforia, creo que con optimismo, de los sucesos recientes: de Praga y Dubcek, de las discusiones de Cuba, de un Chile agitado y en vísperas de cambio, de escritores como Octavio Paz, Julio Cortázar o un joven checo que se llamaba Milan Kundera. En la mesa de al lado había un hombre grueso, de pelo entrecano, de cara grisácea, de vestimenta oscura, que tomaba apuntes en una hoja de block, parapetado detrás de un verdadero muro de libros y papeles, y que, de repente, levantaba la vista y nos miraba de reojo. ¿Quiénes son ustedes?, preguntó de repente el hombre de aspecto gris. Nos presentamos y nuestro vecino, entonces, dijo que él era Lucien Goldman, el crítico, profesor, ensayista. Había estado hacía muy poco en México y allá había escuchado hablar mucho de Carlos Fuentes. Después había viajado a California y había conversado largamente con su amigo el filósofo Herbert Marcuse. El filósofo describía un movimiento estudiantil que tenía sus orígenes en la Universidad de Berkeley, que ya había llegado a Italia y Alemania y que muy pronto se manifestaría en París. La palabra clave de este movimiento, explicó Lucien Goldman, autor de un texto célebre de sociología de la novela, surgió en Roma y es la palabra “contestazione”. En medio de las disertaciones profesorales, típicas de los viejos recintos académicos, los alumnos se ponían de pie y pedían explicaciones. Ya no estaban dispuestos a aceptar los argumentos de autoridad: ¿por qué sostiene usted tal cosa o tal otra, por qué nos trata de imponer sus dogmas sin la menor forma de crítica? Era una revolución de nuevo cuño, diferente de las revoluciones y contrarrevoluciones en boga, que cruzaba y atacaba en una línea transversal los esquemas de bloques de la Guerra Fría. Tenía aspectos seudo anarquistas, pero también tenía el mérito de atacar por su base el orden establecido de Occidente y, a la vez, sin la menor concesión, el de las burocracias estalinistas. En lugar de cambiar el mundo, proponía cambiar la vida, y por eso Jean-Arthur Rimbaud, junto a un Che Guevara recién muerto en la selva de Bolivia, serían figuras emblemáticas en todos los desfiles de los sesentayocheros (soixantehuitards).

 

Goldman nos invitó a comer a su casa y siguió desarrollando lleno de furia pedagógica sus teorías, relacionadas más bien con la estructura de la obra literaria, y las de su amigo Marcuse, que anunciaban una revolución mundial diferente. A los tres o cuatro días, el vagón del metro en el que viajaba a casa de unos amigos se detuvo en la estación de Saint-Michel y entraron algunos muchachos que lloraban y a la vez se reían a carcajadas. Junto con ellos entró una nubecilla que picaba en los ojos y que tenía un olor característico: era el gas lacrimógeno que anunciaba que el movimiento descrito por Marcuse desde California ya había llegado a los bulevares del Barrio Latino.

 

Al día siguiente, me acerqué al sector de La Coupole y me tocó asistir a un espectáculo extraordinario. Masas de jóvenes estudiantes habían ocupado la calle y saltaban, cantaban, gritaban con los puños en alto, observados con atención por algunos personajes marginales. Entre ellos, el inevitable Lucien Goldman, con sus mechones entrecanos, conmovido porque los anuncios suyos y de su amigo Herbert Marcuse se confirmaban en las realidades callejeras. Mientras él miraba con fruición, un gimnasta de mediana edad, de camiseta a rayas horizontales y de largos mostachos, hacía flexiones y levantaba pesas, imperturbable, directamente salido de una pintura del Aduanero Rousseau. Porque la rebelión estudiantil tenía más de algo que ver con la vanguardia estética y con el surrealismo de los primeros tiempos. Y, a medida que mayo avanzaba, me tocaba asistir a escenas tragicómicas que nunca he olvidado. Me acuerdo, por ejemplo, de una vieja vendedora de periódicos instalada en una esquina. Al comienzo protestaba, furiosa, porque le habían llegado algunas pedradas y algunos chorros de agua a su quiosco. Después ya no tenía ni quiosco y estaba obligada a vender sus diarios y sus revistas en el suelo. Al final, no tenía nada que vender, pero seguía en la misma esquina, dedicada a contemplar los sucesos, de brazos en jarra, mientras cadenas de jóvenes sacaban los adoquines y los transportaban hasta los techos de los edificios. Pronto, anunciaban, debajo de los adoquines, empezaría a verse la playa.

 

Después de mayo, el movimiento se descompuso en diferentes formas. El impulso original, espontáneo, de permanente invención, desapareció, y no podía ser de otra manera. Uno regresaba a París y se encontraba con los veteranos y hasta con los inválidos del 68, dedicados, por ejemplo, a atender algún pequeño restaurante vegetariano o alguna librería alternativa. De todos modos, pienso que algo quedó en alguna parte. La “contestazione”, la palabra clave según el profesor Goldman, de alguna manera, con la lentitud propia de los verdaderos procesos históricos, se impuso. Cuando me tocó ver en la televisión, alrededor de veinte años más tarde, las imágenes de los jóvenes que saltaban encima del muro de Berlín y lo derribaban, tuve la vaga impresión de que mayo del 68, el llamado espíritu de mayo, había vuelto. Son los brotes libertarios cíclicos, que siempre vienen de muy atrás, que en un primer momento suelen parecer inútiles, pero que son tan necesarios como el oxígeno que respiramos.

 


Volver a la sección "Edwards, Jorge".


Comente aquí ( máximo 350 palabras )

Su nombre:
12 Comentarios publicados
Posteado por:
Andrés López
10/06/2008 21:08
[ N° 1 ]

Don Jorge,

Interesante columna. A mí se me hace aun más interesante por poder experimentar también la vida publica y la cotidianidad -tanto personal como social- bajo cielo extranjero.

Pero solo posteare - esta vez- para dejar el link de un diario Literario Alemán de Berlin (Die Berliner LiteraturKritik) que hace una critica y comentario de un Libro suyo (Faustino) traducido al Alemán.

Me intereso por leer periódicamente diferentes diarios de Alemania (con la dificultad que eso me presenta), pues es donde vivo y estudio actualmente. Así es como me encontré (afortunadamente!) con ese comentario al libro (que aun no leí) y pequeños descripciones del autor (Usted). Solo dejare el link del diario, pues me parece innecesario transcribir todo el texto en Alemán.

http://www.berlinerliteraturkritik.de/index.cfm?id=18388

Sí alguien estuviese interesado, podría yo mismo resumirlo brevemente.
Pero bien, el tema central ahora es la columna publicada por el Sr. Edwards, la cual estoy invadiendo con una información que se relaciona solo indirectamente con el ultimo tema del Blog. Por favor me perdonen, solo que lo creí interesante.

Muchos saludos a todos desde Leipzig, Alemania.

Posteado por:
Felicinda Bravo
09/06/2008 17:41
[ N° 2 ]

Por cierto que son indispensables los brotes libertarios! Es parte de la dialectica espiritual y de la renovacion del pensamiento, tan necesarias para evolucionar.En este Chile tan soso en lo mental, tenemos esperanza en los estudiantes, para que nos ayuden a contrarrestar y educar al desalmado poder del sector economico-empresarial de este pais, que no esta interesado en articular el concepto de ciudadanos, sino de crear ENTES CONSUMIDORES , desprovistos de sentido critico, de belleza y de trascendencia.
Gracias, Sr. Edwards, por su aporte, siempre valioso, al debate publico...Ojala los propietarios de canales de Tv aabierta chilenos se inspiraran un poco en Ud.

Posteado por:
sixto lemus
09/06/2008 15:17
[ N° 3 ]

Movimientos,puños en alto,revolución de nuevo cuño, rebelión estudiantil,todo es sinónimo de izquierda violentista y comunismo retro o acabado en el mundo, menos en chile desafortunadamente. Sin tener interés en saber lo de mayo 68 ya que a todas luces es violencia, no tiene parangón con lo del Muro de Berlín, ya que mientras el primero enaltecía las revoluciones izquierdistas violentas, el segundo hundía el comunismo en Europa. Elogiosa la forma velada y cultural de mantener la cámara hiperbárica ozónica de sobrevivencia del marxismo leninismo del izquierdismo chileno, quizás ozonifica también a un segundo Allende en el gestor de ese mal llamado Juntos Podemos pensando como el otrora doctorcito de marras que la tercera es la vencida.

Posteado por:
Joaquín
09/06/2008 14:04
[ N° 4 ]

Don Jorge:Si entendí bien,la filosofía del movimiento del 68,que dió nacimiento al neomarxismo de Frankfurt (Habermas-Marcuse),habría sido la misma que inspiró a los que botaron el muro de Berlín.Me pareceo que tan ecléctica conclusión lo descalifica como historiador,pues se toma demasiadas licencias literarias, pero sí lo califica como un buen escritor de ciencia ficción.

Posteado por:
Oscar Lepeley S.
08/06/2008 16:26
[ N° 5 ]

Probablemente por estar en Europa por esos dias, Edwards no menciona que ese movimiento contestatario juvenil se dio primero en Chile, en 1967. Es un dato digno de mencionarse. Quien va a olvidar el cartel que cubria toda la fachada de l la casa central de la universidad Catolica acusando la poca credibilidad del decano de la prensa chilena? Ese fue el primer golpe, luego vino el movimiento de la reforma universitaria.

Vale la pena ver una de las ultimas peliculas de Bertolucci que hacen una mirada actual a los hechos en Francia The Dreamers.

O Lepeley S

Posteado por:
ISABEL
08/06/2008 14:35
[ N° 6 ]

PORQUE EN VEZ DE ESCRIBIR DE SARKOSY NO ESCRIBEN LA VIDA DE VICENTE EDWARDS PINTO TODO LO QUE ISO POR LOS LOS NIÑOS POBRES DEL CAMPO EL COMO SACERDOTE LE DIO EDUCACION A MILES DE NIÑOS POBRES DE CHILE Y CON ESA PLATA SEGUIR CON SU OBRA .

Posteado por:
MARBRAPEY5
07/06/2008 14:31
[ N° 7 ]

Los días de Mayo de 1968, desencadenados en Francia por la protesta estudiantil, reflejaron el papel que jugaba la juventud como motor de la transformación revolucionaria. Pero este movimiento, que surgió de manera espontánea, resultó efímero. Sin embargo, la amargura de la derrota no impide la evocación de un sueño: la imaginación al poder. En Chile, hay notorio desinterés de los jóvenes por la política pero también indiferencia para enfrentar tal situación de parte del Estado, partidos políticos, sistemas educativos, familias y medios de comunicación, con lo que el abismo se agudiza ya que no hay quién se anime a dar los primeros pasos de acercamiento.Creo que corresponde darle a la juventud un espacio.

Posteado por:
Patricio
07/06/2008 11:24
[ N° 8 ]

Señor...sea Ud., presidente de este pais. Pues lo que falta son personas que piensen, no esta camarilla odiosa de Dioses de barro, ineptos , y burocratas.

Posteado por:
ARIEL ALARCON RETAMAL
06/06/2008 22:37
[ N° 9 ]

SEÑOR EDWARDS, esos puños en alto en la COUPOLE de Francia en los años 68, no le traen aUd, reminiscencias de los puños en alto de los comunistas en esos mismos años? y ahora esos mismos puños en alto de la sra. Pdta. de Chile.. ?, hoy dia FRANCIA tiene un gobierno de derecha, parece determinado a terminar con esos puños en alza, que Ud. pareciera añorar,he seguido de cerca sus comentarios, y pienso será bueno estar bien con DIOS y con el diablo señor EDWUARDS, ATTE.

Posteado por:
Escipion El Africano
06/06/2008 19:18
[ N° 10 ]


Estimado amigo, los jóvenes que saltaron el muro de Berlin, no tienen nada en comun con aquellos que alborotaban las aulas en los años 68. Los de Berlin querian solo LIBERTAD y los otros; Libertinaje.
Le sugiero que le mande una copia de su artículo a sus antiguos camaradas CASTRO, a ver si le levantan eso se ser persona non - grata.
Envieselo tambien a otros de esos nostalgicos de los años 68 que viven en chile para que lo lean entre cocteles y recepciones(los autos de lujo que conducen sus choferes, les permiriran hacerlo sin sobresaltos )
Atte.

Posteado por:
Leopoldo..
06/06/2008 17:07
[ N° 11 ]

Don Jorge muchas gracias por su narrativa sobre la Revolución de Mayo del 68 referido al movimiento estudiantil y que me dejó muy impresionado al inicio de mi adolescencia y, junto con un slogan que yo quiero agregar. "La barricade ferme la rue mais ouvre la voie". (La barricada cierra la calle, pero abre el camino. Sin duda, de que el aporte del filósofo alemán don Herbert Marcuse, en su Libro "El Hombre Unidimensional", también era señal de un cambio en los tiempos..., usted como siempre aportando a que los cerebros en Chile no se oxiden...

Posteado por:
Patricio Arias Hardoy
06/06/2008 17:02
[ N° 12 ]

La contestazione ya forma parte de todos en el mundo occidental. El espiritu crítico y la desaparición de las "autoridades impuestas", son una característica ya demasiado común. Solo falta para el desarrollo total de la libertad, la comprensión de este fenómeno por los políticos.

Archivo

      Mayo 2012     
Do Lu Ma Mi Ju Vi Sa
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31    

Cartas

Editorial

Foco político

Foco Legislativo