Edwards, Jorge


Edwards, Jorge
Viernes 23 de Mayo de 2008
Héroes y discursos

Hay un culto de los héroes y una oratoria que acompaña ese culto. Y nosotros, en el caso de Arturo Prat, agregamos un elemento importante, que subraya la solemnidad de la ocasión: el mensaje presidencial del 21 de mayo. En vísperas de este 21, me llamó la atención todo un proceso de revalorización, de reflexión, de análisis del héroe de Iquique y de su proyección en la mentalidad colectiva. Fue lo que se podría llamar una coincidencia reflexiva que llegó desde muchos lados, desde medios diversos y con estilos muy diferentes. Después pasamos a la etapa del mensaje propiamente dicho y parece que ahí todo se vuelve más prosaico, más desencantado, más áspero.

 

La primera idea, entonces, me indica que necesitamos un héroe para liberarnos de la prosa cotidiana y de sus cuidados. Hablemos del presupuesto y sus avatares, de la previsión social, de becas para la educación técnica, pero no nos olvidemos de nuestros héroes, nuestras leyendas, nuestros mitos nacionales. El mito es la nada que es todo, escribió Fernando Pessoa, uno de los grandes poetas del siglo XX. Pues bien, si no nos salvan las cifras, si nuestros números empiezan a ponerse mediocres, siempre podemos recurrir a la mitología. Los estadistas de mejor nivel que me ha tocado observar en una larga vida saben hacerlo, desde Arturo Alessandri hasta el general de Gaulle, pero los políticos que nos rodean no están a la altura. Tenemos que resignarnos a la tristeza de las estadísticas, de los tantos por ciento.

 

En las numerosas reflexiones de estos días sobre Arturo Prat me pareció percibir una línea dominante. Era la rapidez del episodio, el dramatismo concentrado en pocas horas, capaz de convertir de la noche a la mañana a un buen ciudadano de nuestro siglo XIX, un hombre sobrio, en cierto modo ejemplar, buen servidor del Estado, buen padre de familia, en un héroe colectivo, un símbolo. Es bastante difícil que los héroes de tiempo completo y de vida completa, para decirlo de algún modo, alcancen la misma pureza, la misma altura indiscutible. Julio César, por ejemplo, era una figura apasionadamente discutida, llena de luces y de sombras, y esa crítica intensa y porfiada del gran personaje llevó, al final, a su asesinato. Uno lee a los clásicos y se sorprende de que los asesinos de César no hayan sido descalificados en forma unánime. Shakespeare era partidario y defensor de César, pero Miguel de Montaigne, el francés casi contemporáneo suyo, no tenía las ideas tan claras a ese respecto.

 

Pero vengamos un poco más cerca. Citemos, por ejemplo, el caso de Bernardo O’Higgins. O el de Napoleón Bonaparte, si quieren ustedes. O’Higgins combatió bien, gobernó con altos y bajos, y terminó en el destierro. Fue amado, admirado y detestado. Contribuyó a inventarnos como nación y en alguna medida nos zamarreó y nos puso en vereda. Siempre he tenido la impresión de que parte de su educación inglesa influyó en los años de formación de nuestra república. Visité hace años, en compañía de Douglas Cochrane, las casas de la hacienda de Montalbán, la de su destierro en el Perú, y pensé en la enorme fragilidad y hasta en la soledad que lo siguió siempre.

 

Por otro lado, si uno escarba un poco en la mentalidad francesa, descubre que todos tienen algo de bonapartistas. Bonaparte pasó a ser el modelo indiscutido de los jóvenes ambiciosos del siglo XIX europeo. Pero lean ustedes las Memorias de ultratumba, de René de Chateaubriand, enemigo suyo declarado, y verán con asombro hasta qué punto cayó y fue humillado el héroe de tantas batallas. Después de tantas conquistas francesas de territorio, los regimientos escoceses y austriacos ocupaban las orillas del Sena, en el centro de París, a pocas horas del desastre de Waterloo. La Francia imperial se había desmoronado en muy poco rato. Y lo que nos cuenta la historia sobre el emperador prisionero de los ingleses, sus problemas de salud, sus condiciones humillantes de vida, nos puede llevar a una visión de un pesimismo negro.

 

Arturo Prat Chacón, en cambio, era un ciudadano pacífico de este rincón del mundo, uno entre muchos, y a partir del instante en que divisó en el horizonte los humos de los barcos enemigos se transformó en un héroe indiscutido. El destino tuvo mucho que ver en el asunto. El destino sumado, claro está, a la decisión suya, férrea, serena, en el fondo enigmática, de entregar la vida. Es decir, las circunstancias, unidas a su voluntad, en cosa de horas, lo llevaron a ser un héroe en estado puro. Todas sus últimas palabras fueron palabras para el bronce y han quedado en el bronce. Hace poco, un esbozo de obra de teatro intentó bajarlo de ese pedestal, pero los argumentos literarios eran tan débiles, que más bien alcanzaron el resultado inverso.

 

Podríamos avanzar en el género del retrato y del culto de los héroes, a la manera de Carlyle y de tantos otros, pero también tenemos derecho a intentar la crítica de discursos parlamentarios o mensajes presidenciales. Unos sostuvieron que faltaba alguna cosa en el mensaje del 21 y otros echaron de menos alguna otra. Unos querían escuchar que la cotización de 7 por ciento para fines de salud de los pensionados y jubilados iba a suprimirse, y otros, quizá más ingenuos, soñaban con que algunos impuestos que afectan a las empresas iban a tener reducciones importantes. A mí me pareció que el texto era bastante previsible y que la Presidenta Bachelet no hizo más que insistir en las líneas generales de su gobierno: la lucha contra la exclusión, la educación de los sectores más débiles, la idea de que equidad social y desarrollo económico no con conceptos que necesariamente se contradicen. Me parece que tenía razón en seguir su línea con fidelidad, de manera coherente, y en tratar de profundizarla. Ahora bien, tengo algunas objeciones que son más bien de forma, pero en asuntos de esta naturaleza la forma y el fondo no se pueden separar. El mensaje fue un texto acumulativo, casi de aluvión, en el que un aspecto se agregaba al otro, con la necesaria precisión, con los datos indispensables, pero donde era difícil encontrar un esqueleto argumental sólido, una columna vertebral. El tema prioritario era la noción sostenida y machacada de que el desarrollo debe ir acompañado de equidad, de que la inclusión tiene que ser parte inseparable del progreso social. Es una buena médula para elaborar un gran mensaje, pero muchos nos quedamos con la impresión de que el texto no estaba bien integrado, de que no tenía una composición sólida y de que eso le quitaba vuelo. Detalles literarios, dirán ustedes, pero son más que detalles. El problema de la izquierda del siglo XX, que se prolonga hasta el XXI, es que las buenas intenciones sociales no siempre encontraron una aplicación eficiente, con resultados tangibles, de manera que las medidas más idealistas provocaron muchas veces retrocesos en lugar del esperado progreso. Y este conflicto central, cuando se habla de equidad social y desarrollo, hay que agarrarlo a dos manos y enfocarlo con lucidez implacable. Un enfoque de esta naturaleza habría permitido comprender, por ejemplo, que se haya mantenido esa cotización de salud del 7 por ciento. Pero faltaron los argumentos, y la no reforma de la situación actual, al menos en esa materia, terminó por no convencer a nadie, ni a tirios ni a troyanos. La forma, en otras palabras, tiene que ver con el tejido conceptual de un texto y es parte del fondo. Aunque no nos guste aceptarlo, no es una cuestión puramente retórica.

 


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9 Comentarios publicados
Posteado por:
MARBRAPEY5
03/06/2008 11:06
[ N° 1 ]

Estimado don Jorge:
Pienso que No es extraño que la veneración a los héroes y los símbolos desemboque con
frecuencia pesadillezca en la figura del hombre fuerte y, por tanto, en la asfixia de
los avances de la democracia. En el terreno de la política, el dato compartido es el
largo viaje, contra viento y marea, del pueblo hacia la sociedad civil y la
ciudadanía, con toda la carga de responsabilidad y deber cívico que ello supone.

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Ruperto Barragan Lienlaf
28/05/2008 15:52
[ N° 2 ]

Yo sugeriaria resucitar tambien a Benjamin Vicuña Mackenna, heroe del urbanismo y del espiritu, consciente de la necesidad de hacer ciudades hermosas y humanas,filantropo en el sentido griego del concepto.Incomprendido como todos aquellos que tienen imaginacion y altruismo en este pais.Dn Jorge, le ruego que por favor tenga a bien darse una vuelta por el(pequeñito , arrinconado y descuidado) museo en honor de este gran chileno,( que no queda lejos de su barrio). La figura de Benjamin Vicuña Mackenna deberia ser consultada por todos, especialmente por los frescos alcaldes de este pais,( empezando por santiago, recoleta y providencia) , empresarios de la construccion y autoridades de obras publicas, que no solo no leen la historia, sino que no les importa un cuesco que los habitantes de las ciudades de este pais tengamos que vivir en lugares tan feos, sin memoria,sin vista a la cordillera, sin patrimonio arquitectonico, estetico ni medioambiental.

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Rodolfo Milla
28/05/2008 00:48
[ N° 3 ]

A la puerta del cementerio de Buenos Aires se encuentra sentado un viejito con cara de toda la amabilidad del mundo. Cuando alguien llega con cierto aire confuso, el viejo se apura a despejarlo y le dice:
-A la derecha esta don Juan y a la izquierda Carlitos.

¿Quieren más? Acá va: Maradona, el Che Guevara, el mismo Borges (qué curioso, todos son argentinos). ¡Esos son héroes, esos son mitos, don Jorge!
Pero no sé qué ha querido decir en su artículo.
Creo que ha dado muchas vueltas para al final decir que tiene miedo a "la lucha contra la exclusión", "la educación de los sectores más débiles", "la equidad social". Don Jorge no quiere que las cosas cambien. Es más: cree que no han cambiado. Seguramente, me parece, piensa que hasta ahora existen comunistas. Y no le digo más. Sólo lo dejo ahí, sentadito, contemplando la calle y chasqueando la lengua cada 30 segundos, aferrado a un rosario con collar de perlas con la foto de su santo preferido. De pronto pasa un hombre apurado por el frente y don Jorge piensa pues que es un comunista. Entonces aprieta fuerte las bolitas de su rosario, sube sus solapas y se santiagua, por si acaso, por triplicado.

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Jaime Cáceres
26/05/2008 14:43
[ N° 4 ]

¿Como que no tenemos héroes?
Y el capitán planeta y su dedo láser, que hace desaparecer puentes. Y su jarrón desaparecedor de platas.
Ya la Batichelet, chofera del transantiago y guía turística.

Prat, queda chico ante estos súper héroes.


Posteado por:
Ricardo Parra S.
25/05/2008 22:43
[ N° 5 ]

Estimado Don Jorge: Enviar un comentario sobre un artìculo escrito por usted, me parece de una pretenciòn enorme, pero al mismo tiempo un agrado y un desafio. Estoy de acuerdo con usted en que nos hace mucha falta un hèroe o màs bien digamos un "lider", pero de verdad, que, con su ejemplo de vida, su honestidad, su altura moral, competencia, capacidad, valores èticos y morales, experiencia, conocimientos, etc., se capaz de conducir al paìs por el camino correcto. En los tiempos que vivimos ser "hèroe o lider" es màs que una tarea de titanes o super hombres. Basta ver que alguien se destaque por su accionar positivo y en un segundo saltan cientos de personas tratando de undirlo y encontrarle y destacarle lo malo, que todo ser humano tiene por naturaleza. Hacen falta los Napoleòn, los O'Higgins, los San Martìn y tantos otros que lucharon por ideales y por sus pueblos, con fuerza y corazòn. Al parecer, esos personajes son de otras èpocas, que sòlo destacan los textos de historia. Lo que debemos aprender y destacar de ellos es su ejemplo de lo que fueron capaces, no de como lo hicieron, sino de lo que lograron avanzar y cumplir sus sueños y de su entrega a sus respectivas causas. Tratemos de imitarlos, luchemos con fuerza y corazòn por un Chile mejor. No importa si nos faltan argumentos, como en el discurso del 21 de mayo, que es sòlo un tradiciòn y el cumplimiento de una normativa constitucional. Lo importante, es el fondo, lo importante es Chile y todos los chilenos, sin exclusiòn. Saludos. RPS.

Posteado por:
Mario Alendro Ortíz
25/05/2008 01:35
[ N° 6 ]

No malgaste "sellau" (mandar cartas al dope, como dijo Yupanqui) don Jorge, los lectores de la segunda son de quinta y sexta, todavía se nostalgean con "er tateta", y con "mi general", si hay hasta un columnista asiduo que añora sus planes ZETAS. A propósito, me voy a recoger ZETAS al bosque septentrional de Uppsala, en la tierra del Rey Boreo con mi mujer, y cuando volvamos, seguro que nos encatramos.

Posteado por:
Fernandão Chileno!!
24/05/2008 11:48
[ N° 7 ]

Edwards: En el mundo actual si se analizan las cosas desde el lado del costo beneficio, no hay lugar para el heroismo, la vida se tranformó en um pánico, en un desbando generalizado. Yo pienso que a tí, Chile te quedó chico hace ya tiempo, y en beneficio de tu salud
deberias pasar una temporada afuera, lejos del "parche tectónico" y su influemcia nefasta sobre sus habitantes. Y no pienses solo en Europa, paises sin tradición cultural te pueden dar un espectaculo de sensatéz y humanidad.
Los héroes y los discursos se pueden cambiar por nuevos paradigmas a gusto del consumidor, si en Chile están amarrados a sus atavismos hay que dejarlos," que anden errantes, ya vendra un viento que los lleve a sus lugares"
Date una vuelta por Caldas Novas te haría muy bién, la adrenalina es buena pero no tanto, dale un tiempo para Chile y otro para tí también.

Posteado por:
Escipión El Africano
23/05/2008 22:11
[ N° 8 ]

Hizo ud. algún comentario cuando, sus pares izquierdistas encontraban estupenda y a la misma altura de Shakespeare aquella obra de teatro en la cual se mancillaba públicamente la imagen Prat.¿¿¿¿
Hace ahora algún comentario acerca de la portada del
periódico The Clinic ¿¿¿
Sr. Eedwards, una vez más ud. pierde la oportunidad de quedarse callado.

Posteado por:
Pedro Maino Swinburn
23/05/2008 18:26
[ N° 9 ]

Este artículo genera una expectativa que no alcanza a ser satisfecha. Tibio y correcto peregrinar de frases que el sentido común mantienen muy apegadas al pavimento. Prat y Bachelet pasan sin penar ni gloria tras la reflexión de don Jorge. ¿Será la lluvia? ¿Serán los años? ¿Quién sabe?
La misma crítica que le hace al discurso de Bachelet es adjudicable a su artículo. Pero habrá que añadirle el problema del contenido.
Esperaba leer una visión profunda y clara de uno de nuestros grandes mitos y no encontré más que la reafirmación de los expuesto por Icarito. Esperaba una crítica clara y constructiva del discurso del 21 de mayo y, valiendose de circunloquios parecidos a los de Vidal, no se detiene sino en detalles.

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