Ignacio Walker
Ignacio Walker
El tenso empate de Obama y Clinton
La agonía al interior del Partido Demócrata se prolonga más allá de lo razonable y lo deseable (al menos para quienes nos sentimos identificados con esa opción). Barack Obama y Hillary Clinton están en un virtual empate. Las matemáticas siguen favoreciendo a Obama, pero el “triunfazo” de Clinton en las recientes elecciones de Pennsylvania, por 10 puntos porcentuales y más de 200 mil votos, le ha dado un nuevo impulso a su campaña. Los Clinton son duros de matar. Luchadores incansables, no dan su brazo a torcer. Obama, por su parte, sigue teniendo la mejor opción.
Veamos algunos números. Obama cuenta en la actualidad con 1.719 delegados (y 232 súper delegados), en circunstancias que necesita 2.025 para ganar. Clinton cuenta con 1.586 delegados (y 255 súper delegados), por lo que está aún más lejos de la meta. Los súper delegados son aquellos que votan por derecho propio (las grandes figuras del partido) y, entre ellos, Obama ha ido acortando la distancia (aunque Hillary lleva una leve ventaja). Muchos piensan que son los que pueden inclinar la balanza, en última instancia, hacia uno u otro candidato, pero muchos también piensan que sería muy difícil siquiera imaginar que el voto de los súper delegados pudiera contravenir el voto popular y el número de delegados (en ambos niveles Barack lleva la delantera y resulta improbable, a estas alturas, que Hillary pudiera revertir esa tendencia).
Sigamos con los números. Una encuesta reciente USA Today-Gallup da una ventaja de un 50% para Obama contra un 40% para Clinton a nivel nacional. A propósito, la última encuesta Gallup muestra una desaprobación para George W. Bush de 69%, la más alta para cualquier Presidente de los Estados Unidos en la historia de las encuestas Gallup. La recesión interna, en lo económico, y la guerra de Irak —con escasos defensores a estas alturas— serían las razones que explicarían este elevadísimo nivel de desaprobación.
Más números. Las elecciones en Estados Unidos se miden también en términos de dinero. Los aportes privados van mostrando una cierta tendencia. Aquí la diferencia entre Barack y Hillary es apreciable. Así, por ejemplo, Obama ha recibido un total de US$ 240 millones, de los cuales ha gastado US$ 189 millones (US$ 57 millones en publicidad). Clinton ha recibido US$ 195 millones y ha gastado US$ 163 millones (US$ 37 millones en publicidad). Sólo en marzo, Barack recibió US$ 42 millones, contra US$ 21 millones de Hillary (la mayoría de los aportes para Obama consisten en pequeñas donaciones de un gran número de electores). En Pennsylvania, Obama tiró toda la carne a la parrilla y gastó un total de tres a uno en relación a Clinton. Así y todo perdió, lo que habla bien de la democracia estadounidense, al menos en cuanto a que la plata no compra, así no más, los votos o las voluntades ciudadanas. El gran beneficiario de todo esto ha sido John McCain, que ha gastado “sólo” US$ 69 millones. Cabe hacer notar que, en lo que va de esta primaria, se ha gastado un total de US$ 792 millones (a modo de comparación, en las elecciones de 2004 se gastó un total de US$ 987 en toda la campaña).
La verdad es que McCain ha sido el gran beneficiario de estas primarias, no sólo en términos financieros, sino porque ha tomado palco mientras los dos contendores demócratas se destruyen mutuamente. Clinton ha sido más agresiva que Obama. Este último, tras la derrota de Pennsylvania, en un gran discurso —al igual que el de Clinton— las emprendió contra McCain más que contra Clinton, como para recordar que es el Partido Republicano el gran adversario.
¿Puede ganar McCain? Teóricamente sí, en especial si la agonía se prolonga hasta junio en el Partido Demócrata o, aún más, hasta la convención de agosto (a tres meses de las elecciones generales). ¿Puede ganar Clinton? Teóricamente sí, aunque tendría que hacer milagros para revertir la ventaja de Obama, tanto en términos de voto popular como de delegados. ¿Escenario más probable? Obama contra McCain, con un resultado final incierto.
La agonía al interior del Partido Demócrata se prolonga más allá de lo razonable y lo deseable (al menos para quienes nos sentimos identificados con esa opción). Barack Obama y Hillary Clinton están en un virtual empate. Las matemáticas siguen favoreciendo a Obama, pero el “triunfazo” de Clinton en las recientes elecciones de Pennsylvania, por 10 puntos porcentuales y más de 200 mil votos, le ha dado un nuevo impulso a su campaña. Los Clinton son duros de matar. Luchadores incansables, no dan su brazo a torcer. Obama, por su parte, sigue teniendo la mejor opción.
Veamos algunos números. Obama cuenta en la actualidad con 1.719 delegados (y 232 súper delegados), en circunstancias que necesita 2.025 para ganar. Clinton cuenta con 1.586 delegados (y 255 súper delegados), por lo que está aún más lejos de la meta. Los súper delegados son aquellos que votan por derecho propio (las grandes figuras del partido) y, entre ellos, Obama ha ido acortando la distancia (aunque Hillary lleva una leve ventaja). Muchos piensan que son los que pueden inclinar la balanza, en última instancia, hacia uno u otro candidato, pero muchos también piensan que sería muy difícil siquiera imaginar que el voto de los súper delegados pudiera contravenir el voto popular y el número de delegados (en ambos niveles Barack lleva la delantera y resulta improbable, a estas alturas, que Hillary pudiera revertir esa tendencia).
Sigamos con los números. Una encuesta reciente USA Today-Gallup da una ventaja de un 50% para Obama contra un 40% para Clinton a nivel nacional. A propósito, la última encuesta Gallup muestra una desaprobación para George W. Bush de 69%, la más alta para cualquier Presidente de los Estados Unidos en la historia de las encuestas Gallup. La recesión interna, en lo económico, y la guerra de Irak —con escasos defensores a estas alturas— serían las razones que explicarían este elevadísimo nivel de desaprobación.
Más números. Las elecciones en Estados Unidos se miden también en términos de dinero. Los aportes privados van mostrando una cierta tendencia. Aquí la diferencia entre Barack y Hillary es apreciable. Así, por ejemplo, Obama ha recibido un total de US$ 240 millones, de los cuales ha gastado US$ 189 millones (US$ 57 millones en publicidad). Clinton ha recibido US$ 195 millones y ha gastado US$ 163 millones (US$ 37 millones en publicidad). Sólo en marzo, Barack recibió US$ 42 millones, contra US$ 21 millones de Hillary (la mayoría de los aportes para Obama consisten en pequeñas donaciones de un gran número de electores). En Pennsylvania, Obama tiró toda la carne a la parrilla y gastó un total de tres a uno en relación a Clinton. Así y todo perdió, lo que habla bien de la democracia estadounidense, al menos en cuanto a que la plata no compra, así no más, los votos o las voluntades ciudadanas. El gran beneficiario de todo esto ha sido John McCain, que ha gastado “sólo” US$ 69 millones. Cabe hacer notar que, en lo que va de esta primaria, se ha gastado un total de US$ 792 millones (a modo de comparación, en las elecciones de 2004 se gastó un total de US$ 987 en toda la campaña).
La verdad es que McCain ha sido el gran beneficiario de estas primarias, no sólo en términos financieros, sino porque ha tomado palco mientras los dos contendores demócratas se destruyen mutuamente. Clinton ha sido más agresiva que Obama. Este último, tras la derrota de Pennsylvania, en un gran discurso —al igual que el de Clinton— las emprendió contra McCain más que contra Clinton, como para recordar que es el Partido Republicano el gran adversario.
¿Puede ganar McCain? Teóricamente sí, en especial si la agonía se prolonga hasta junio en el Partido Demócrata o, aún más, hasta la convención de agosto (a tres meses de las elecciones generales). ¿Puede ganar Clinton? Teóricamente sí, aunque tendría que hacer milagros para revertir la ventaja de Obama, tanto en términos de voto popular como de delegados. ¿Escenario más probable? Obama contra McCain, con un resultado final incierto.
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