Jorge Edwards
Escritor
Jorge Edwards
Las fachadas de Potemkin
Dentro de los muros del Congreso Nacional, en el interior del edificio kitsch de Valparaíso, la oposición ganó su batalla. Pero no sé si ganó fuera, en la calle, en la opinión pública. Ahí tengo mis dudas. En una decisión tomada en conciencia, no puede haber un manifiesto espíritu de demolición, un ensañamiento tan visible. Por ahora, me reservo mi opinión y me dedico a estudiar el asunto con más detalle y con más calma. La impresión general de que se había perdido la calma, precisamente, de que se aplicaba a rajatabla la teoría del desalojo, es uno de los aspectos del problema que inspira reserva. La idea exótica, por otra parte, de sacar a relucir los emblemas de Cuasimodo tampoco ayudaba a enfocar el asunto con un mínimo de claridad. Aquí no estamos entre animitas y fórmulas milagrosas. En resumen, no me gustó la furia de esta nueva oposición ampliada, sus ganas casi obscenas de ganar la pelea por knock out, pero la defensa mediática que hizo la ex ministra me pareció una tomadura de pelo. No somos tan infantiles, tan inocentones, tan primitivos como ella parece que piensa.
Si se miran las cosas con una perspectiva más larga, menos localista, el episodio del hospital de Curepto es más revelador, más interesante. Si sólo gobernamos para los medios, para las imágenes públicas, para los cortes de cintas tricolores, seremos estupidizados y devorados por esos mismos medios. No existe, que yo sepa, otra alternativa. Esa fotografía de un funcionario gordito, rebosante de salud, que se ríe a carcajadas, pero que tiene colocada una sonda de suero en el antebrazo izquierdo, es de antología. Y lo que sabemos ahora, que después del paso por el hospital de la Presidenta Bachelet fue devuelto a su casa, también es digno de conservarse en la memoria. Ahora se investigan las culpas y ya se ha pedido la renuncia de dos funcionarios, pero tampoco estamos convencidos. La costumbre de las inauguraciones adelantadas, prematuras, es una vieja manía nacional. Podría citar decenas de casos que conocí por experiencia directa. Me acuerdo de dignatarios que ingresaban solemnemente a una sala de la Biblioteca Nacional, allá por la década de los sesenta, mientras Jaime Laso Jarpa y yo cargábamos un pesado macetero destinado a servir de adorno y nos abríamos paso a empujones para tratar de llegar a tiempo. Y me acuerdo de tantas inauguraciones de pintura con los cuadros en el suelo, y de tantas presentaciones de libros sin que los libros hubieran llegado de la imprenta. Inaugurar, cortar las cintas, presentar los libros, es una necesidad mediática, propia del mundo moderno: es uno de los vicios del mundo moderno que a Nicanor Parra se le olvidó colocar en Poemas y antipoemas. Eso sí, Nicanor colgó a los presidentes, desde los albores de la República, en una exposición inaugurada de acuerdo con todas las reglas, y todos los colgados, sin duda, eran inauguradores y cortadores de cintas profesionales. Los de la izquierda, los del centro y los de la derecha. Es una desviación de la política y una forma de mentira piadosa que todos o casi todos aceptamos, pero que no deberíamos aceptar con tanta indulgencia. En las fotos de Curepto de fines de febrero, la Presidenta sonríe mientras observa un pie de cueca, después saluda a un enfermo rebosante de salud y para terminar inaugura un hospital donde el ojo de ella, médica de profesión, tenía que captar de inmediato que todo faltaba.
Como ya dije, el tema es inherente a la política moderna, la de todos los bandos, y es de fondo, de naturaleza ética, ya que toca el problema de la verdad y de la credibilidad. Aquí enfocamos el concepto de lo moderno en un sentido amplio, en un abanico que va desde el siglo XVIII hasta hoy. Por ejemplo, la historia del príncipe Potemkin, amante de la emperatriz Catalina II durante un período, gobernador, más tarde, de los vastos territorios del sur de Rusia, es clásica. Fue uno de los introductores de la mentira ilustrada en la vida política. Según se dice, para impresionar a la emperatriz sobre los progresos de los territorios que gobernaba, mandaba construir grandes fachadas de edificios en cartón piedra. Catalina, desde su cortejo imperial, en la distancia de las estepas, divisaba ciudades magníficas que habían brotado de la nada. Potemkin, al final de su vida, estuvo arrinconado en la corte zarista, caído en una relativa desgracia, lo cual podría indicar que su astucia había sido descubierta. El problema es que todas las astucias, todas las macuquerías, terminan por descubrirse. Hay que tener sumo cuidado, entonces, con las inauguraciones brujas, con las fachadas de cartón piedra, con las banderitas de Cuasimodo. Los ciudadanos de a pie, entre los cuales me incluyo, no somos tontos. Podemos hablar como campesinos del Tinguiririca o como leguleyos del centro de Santiago, pero nos damos cuenta. Distinguimos muy bien las fachadas de utilería de las otras. El único argumento bueno que le escuché al ministro Vidal, y me parece justo reconocerlo, es que el hospital de Curepto, a pesar de que partió con un paso en falso, existe (a diferencia de las ciudades potemkianas), y el día en que funcione a toda máquina será un lujo para esa región. Lo importante, entonces, no es atribuir culpabilidades, sino poner el hospital en marcha. Lo demás son especulaciones inútiles.
Un caso clásico de escenario manipulado, tramposo, en la historia política del siglo XX, es el de la entrevista en la Sierra Maestra cubana del comandante Fidel Castro con el periodista neoyorquino Herbert Mathews. A medida que transcurría la conversación, un pequeño grupo de guerrilleros, a conveniente distancia, marchaba alrededor de un mismo árbol para dar la impresión de un ejército numeroso y armado hasta los dientes. En su tiempo, todos celebramos aquella astucia, pero no cabía duda de que las manipulaciones, los procedimientos teatrales del comandante Castro, no iban a detenerse en esa charla selvática. Han continuado hasta hace muy poco, y los cubanos del interior los han sufrido en carne propia. Pero recibo información de buena procedencia y compruebo que en la isla, desde adentro, desde la profundidad de una sociedad civil que nunca dejó de ser inteligente, sale un apasionado debate sobre el cambio, sobre las mentiras institucionalizadas, sobre las numerosas prohibiciones absurdas que nadie tenía derecho a discutir. Parece que circulan manifiestos, papeles de todo orden, sobre las prohibiciones de viajar, sobre la existencia de una doble moneda, sobre los salarios miserables, sobre el lamentable estado actual de los programas de educación y de salud pública, entre muchos otros asuntos. “Cuba, escribe un ensayista, Domingo Amuchástegui, es hoy un hervidero de ideas”. Es, por lo visto, un proceso imparable. ¿Y qué es esto, en último término? No es más que el proceso de la verdad frente a la mentira rutinaria, consagrada, falsamente revolucionaria, reaccionaria en su esencia.
En otras palabras, hay que actuar en política con mucha seriedad, con sumo cuidado. Las mentiras, las fachadas de cartón piedra, los discursos tramposos pueden producir efectos favorables a corto e incluso a mediano plazo, pero la reacción final es inevitable. Nadie puede pararla. ¿Tiene sentido, entonces, tratar de disimular, echarles la culpa a los otros (y entre ellos, naturalmente, al imperialismo yanqui), llenarse la boca con palabras y convencerse a sí mismo? Echen ustedes a andar de una vez por todas, sin ahogarse en una gota de agua, el hospital de Curepto, y todos aplaudiremos. Y no traten nunca de pasarnos gato por liebre. No tiene el menor sentido y no le interesa a nadie.
14 Comentarios publicados
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s.s
23/04/2008 16:04
[ N° 1 ]
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brrrrrr
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Jaime Cáceres
23/04/2008 14:46
[ N° 2 ]
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El engaño, la mentira y la ineptitud nos esta destruyendo.
Incluso caemos en el mismo juego.
Cuando por razones o gestos de buena crianza no nos atrevemos a decir lo obvio y la verdad.
Alegamos, pero no nos atrevemos a decir con la frente en alto, que la presidenta, si sabia. Que no existe manera alguna de que una persona medianamente sensata y además con conocimientos "profesionales" no puede haberse dado cuenta del montaje.
Cuando disfrazamos la mentira con ropajes de respeto es cuando debemos por un grado minino de decencia, callar y esperar la muerte en silencio.
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chapo
22/04/2008 11:02
[ N° 3 ]
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La destitución de la Sra. Provoste señala la gota que colma el vaso. La Concertacion ha desligado las atribuciones de las responsabilidades. Todos exigen recursos, medios, atribuciones legales - si no se las dan se las aprpopian - y a la vez evaden toda responsabilidad transfiriéndola a algún subalterno. Nadie se responsabiliza de nada. A propósito, los diaguitas desaparecieron antes de la llegada de los españoles, por lo que la Sra. Provoste debe pertenecer a otra etnia, aunque me inclinaría mas bien por un mestizaje múltiple, como la mayoría de los chilenos.
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Helena
21/04/2008 14:47
[ N° 4 ]
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Muy largo y con demasiados ejemplos. Jorge Edwards más sintético sería muchísimos mejor.
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Viñuela de la Vega
21/04/2008 13:52
[ N° 5 ]
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Excelente interpretacion de una realidad, me hizo pensar en los buenos tiempos de Don Agustin y mi tio Daniel cuando aun la cronica era cronica...aunque mas me gusto la que enviara Sara Vial...y que solo la pasaron como carta de los lectores...un poco a escondidas...Porqué ?
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Octavio Ruiz
21/04/2008 12:14
[ N° 6 ]
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Las fachadas que hizo Potemkin, no fueron de cartón piedra. En Efecto, cuenta la leyenda que en 1787 la zarina Catalina II de Rusia, la Grande, viajó hasta las lejanas tierras de Crimea para comprobar ‘in situ’ cómo avanzaba la colonización de la región tras la conquista que abanderó Grigori Alexandrovich Potemkin, Gobernador general de Ucrania y amante de la reina del imperio ruso a la sazón. Como la reconstrucción no tenía buena pinta, el "inteligente" militar mandó levantar una serie de pueblos fantasma: se edificaron las fachadas de las casas (no se había inventado el cartón piedra, pero madera les sobraba) y se ‘contrataron’ (secuestraron) aldeanos por lo que, desde la distancia, daba la sensación de encontrarse ante un auténtico pueblo. Algo así como lo que hace Hollywood en sus estudios. Catalina, que debía tener aprensión a juntarse con su plebe, contemplaba las hermosas villas desde unas colinas.
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Víctor González Inostroza
21/04/2008 10:54
[ N° 7 ]
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Me acorde de " MITOPOLIS", de Joaquin Edwards Bello, espeluznantemente predictivo del acontecer chilensis, no cambia el hecho desde izquierda derecha o centro, por apuro, por apariencias, pa'que esta listo no' mas. Chilenamente no cambiara, con tal que no nos quedemos con la primera piedra...
EDO
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Allendista
21/04/2008 09:52
[ N° 8 ]
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No pudo controlar su ya conocida obsesión anti cubana. Fidel y su revolución no dejan en paz este escritor de pocas luces.
Del mismo modo que Chávez. Odia a Chavez, a Evo, a Ortega y a Correa. Y desde hoy a Lugo. Y mañana al nuevo Presidente de izquierda Salvadoreño, de aquella izquierda salida del FMLN.
Fidel tiene émulos que están ganando elecciones en todo el continente. Lula lo elogia publicamante.
Le sugiero a nuestro amigo que se detenga y reflexione seriamente acerca del porqué sus ideas retroceden en todas partes.... incluso en Chile.
Y que se documente un poco sobre la crisis de las subprimes y sus ctastróficos efectos para todos.....
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DIEGO URRUTIA BELMAR
20/04/2008 06:06
[ N° 9 ]
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Mi estimado Don Jorge:
¡que buen artículo!, Ud. que es un caballero es una de las muy escasas voces que levantan el tono para denunciar, elegante y fundadamente, las tropelías que cometen esta verdadera banda de rufianes, en que el episodio circense del Hospital de Curepto es solo un pequeño botón de muestra de la inequidad ambiental.
Uno de los acólitos de apellido Estevez publica un mapa del Gran Santiago en que arbitraria e indiscriminadamente se vuelve a violar el derecho de propiedad, derecho inalienable establecido en el artículo 17 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “ Nadie podrá ser privado arbitrariamente de su propiedad”, y pretende dictar un “plan” regulador, como si la demolición del Muro de Berlín no hubiese terminado con las economías planificadas, hoy en las economías occidentales cristianas e incluso en la China de Mao, lo que existe es la economía de mercado, y el precio y uso de los factores de producción los determinan las leyes de la oferta y la demanda.
Vivo en Lampa, a escasos 15 minutos de la Plaza de Armas de Santiago y carezco de agua potable y alcantarillado, Nueva York en 1918 tenía agua caliente de cañería. En ese tema podrían dictar un "plan" de suministro estos mafiosos.
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Antonio E. Quirós Ibieta
19/04/2008 13:59
[ N° 10 ]
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Justo, equilibrado y al hueso.
Felicitaciones y espero que el resto de la población tenga la misma percepción que tiene Usted de todo este asunto de abuso de los medios. Pensaba que mi capacidad de asombro ya se había agotado, pero sigue firme, y mientras más leo su crónica, más fresca se mantiene.
saludos
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ENRIQUE PEREZ
19/04/2008 10:12
[ N° 11 ]
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TU REPRESENTAS LA MADEJA DE PALABRAS COMPLICADAS Y HABLAS COMO SI FUERAS UN DIOS ESCRIBIENDO LA BIBLIA
Y SOLO ERES UN PERIODISTA COMPLICADO JUSTIFICANDO TU LAVIA EN CADA PALABRA , LAS NUEVAS GENERACIONES NO TIENEN TIEMPO PARA TU LATA, RETIRATE A LEER Y DEJA DE ESCRIBIR POR QUE NADIE TE PESCA
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Posteado por:
Miguel Huerta Marín
19/04/2008 09:55
[ N° 12 ]
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Sr. Edwards:
Bien vale la pena mencionar la seguidilla de inauguraciones, por parte de Ricardo Lagos, de infinidad de estaciones ferroviarias en el sur de Chile, para un tren inexistente. ¡Una Burla! ¡Un menosprecio manifiesto a la inteligencia de la gente del sur! ¡Un jugueteo morboso con las ilusiones sureñas¡
¿Pagará la cuenta el Sr. Lagos?
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Posteado por:
hbambs
19/04/2008 00:21
[ N° 13 ]
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Señor Edwards, bien por tocar el tema, débil me parece aceptar con liviandad las malas prácticas basándose en que "así se ha hecho por siglos"...estamos en tiempo de actuar, efectivamente nos damos cuenta cuando es gato y cuando es liebre, lo que no hacemos es castigar debidamente a quienes se atreven a engañarnos o a intentar hacerlo. La opinión pública se merece información de buena calidad, responsabilidad por al menos dos áreas, primero los medios que debieran investigar mejor y certificar la calidad de lo que informan; segundo, de personas comunes y corrientes que, sabiendo la verdad, callan y pasivamente permiten que se juegue o basuree la credibilidad de las autoridades, lo mínimo es seriedad de todos los involucrados...lo mínimo es que se castigue a los culpables y no los veamos luego en otra repartición, a esa seriedad me refiero, así se barre la casa, sacando la suciedad.
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Patricio Contreras
18/04/2008 20:48
[ N° 14 ]
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La forma de trabajar y enfrentar los temas del país y su implentación deben cambiar, cada funcionario público debe hacerse responsable de actuar con etica y acorde a su rango. Asi hasta el funcionario del último hospital de Chile debe tratar decentemente al paciente, con aprecio; asi también el carabinero debe esmerarse en llegar al ser llamado por telefóno y no quedarse en los laureles; el funcionario municipal no puede terminar gritando a la anciana que va a consultar por un tema definido,en fin pedimos un nuevo trato para con los ciudadanos por parte de los empleados público.
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