Juan Carlos Altamirano


Juan Carlos Altamirano
Los malditos shows de realidad

 Mientras la moda de los reality continúa vigente entre los telespectadores locales, las telenovelas están lejos de alcanzar los 38 puntos de rating que años atrás solían obtener. Hoy por hoy, la telenovela ganadora difícilmente supera los 20 puntos. Pareciera que el género se está agotando. Como todos sabemos: más de lo mismo termina siempre cansando. Y lo que es peor: la fórmula de tener telenovelas mañana, tarde y noche atenta contra la diversidad que legítimamente buscan los telespectadores.

 

Sin embargo, los reality shows aún logran despertar curiosidad. La pregunta que suele surgir es por qué las personas se deleitan con estas “tonterías”. Es fácil entender la fascinación que ejercen las telenovelas sobre el público, un género enraizado en la antigua tradición del melodrama, que por siglos ha sido una entretención popular, partiendo por las obras de Shakespeare. Pero en el caso de los reality, ¿cuál es su secreto de seducción?

 

Otro gran creador nos da la clave: Andy Warhol. Años atrás dijo: “En el futuro, cada persona tendrá sus quince minutos de fama”. Este artista, ícono de los ’60, fue visionario al anticipar un fenómeno aspiracional común en la sociedad contemporánea: no hay que ser importante, exitoso y poderoso para alcanzar la fama; basta ser televisado, luego existes —el cogito, ergo sum de nuestra época—. En otras palabras, la fama ya no es privilegio de las élites. Cualquier persona puede transformarse en protagonista, en un foco de atención para millones. Es el sueño que inspira a participar en los reality shows.

 

Pero Warhol no tan sólo anticipó las ansias de protagonismo y reconocimiento del hombre vulgar. Además, fue pionero en hacer público lo privado. Fue el primero en dejar que personas comunes —sus amigos— hicieran lo que quisiesen frente a las cámaras. Les permitió que se desnudaran y expresaran libremente. Las películas de Warhol fueron las primeras en mostrar la intimidad, lo privado, en forma natural, sin guión alguno. La crudeza de las imágenes, que por cierto incluían sexo, fue un escándalo en la década de los setenta. El propio Warhol confiesa: “Siempre me han acusado de ser diabólico por dejar que las personas se destruyan mutuamente mientras yo las miro y las filmo. Pero yo no me considero diabólico, sólo soy realista”.

 

Warhol estaba obsesionado con las relaciones humanas. Dejaba la cámara inmóvil, registrando durante días y noches todo lo que iba ocurriendo en “The factory” (su estudio en Manhattan): peleas, fiestas, momentos íntimos en el baño y en los dormitorios…

 

Diversos estudios de audiencia demuestran que la fascinación del público por el “reality” no se limita a la curiosidad de saber quién será el/la triunfador/a. Estos estudios revelan que el público está interesado, además, en observar cómo reaccionan los participantes cuando son increpados o derrotados. Se trata de que aflore y se muestre la psicología de los participantes: su carácter, las debilidades y fortalezas de su personalidad, el miedo, la inseguridad, la envidia o la generosidad.

 

La particularidad de “los shows de realidad” es su capacidad de transformar al telespectador en una suerte de mirón tras la puerta. Como todo género, tiene diversos formatos, pero el principio es el mismo: poner en escena la intimidad de las personas y la conducta humana, para interpelar ese deseo voyerista que tiene la sociedad actual.

 

Los shows de realidad tienen sentido en tanto se vive en una sociedad basada en el individualismo, en los que cada persona debe luchar por sí sola para surgir, superarse y adaptarse a las reglas del juego. Los reality son un reflejo de esa lucha; es un ejercicio de convivencia, de superación personal y competencia, donde se experimenta lo positivo y negativo de la conducta humana.

 

El placer que obtienen los seguidores de estos shows no proviene tan sólo de ver cómo un grupo de personas se humilla mutuamente, sino de cómo actúan, cómo se manipulan y reaccionan unos frente a los otros, cómo desarrollan sus estrategias de sobrevivencia. Estos programas tienen éxito, pues el telespectador es sumido en una suerte de “terapia grupal”, en la cual proyecta sus propios miedos, fantasías y emociones.

 

Por esta razón, si insistimos ver los shows de realidad desde nuestra mentalidad racionalista, estamos destinados a la frustración. No obstante, no puedo ni quiero desprenderme de mi racionalismo. Por lo cual no me queda otra alternativa que cambiar de canal y resignarme al hecho de que los “malditos reality” no están pensados para satisfacer mi gusto y deseo. Así de simple.

 

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5 Comentarios publicados
Posteado por:
Tomás Diestro Izquierdo.
28/03/2008 16:38
[ N° 1 ]

Hay gente inteligente que no le gusta la farándula, los reality, ni tanto fútbol ni las telenovelas.
Sería interesante que algún Canal de TV se atreviera, en sus noticieros, por Ej., a dejar fuera de su programación, la propaganda de las teleseries o programas faranduleros, el fútbol. Que se dedicara sólo a dar noticias, tanto nacionales e internacionales, con analistas especializados, no alargándolas en demasía, como se hace actualmente.
Además, como es lógico, con la propaganda de los auspiciadores.
Creo que se podrían llevar una sorpresa, porque habemos muchos chilenos, que deseamos buenas noticias, saber qué pasa en el mundo, estar informados en forma veráz y oportuna.
Que tenga, antes o después del Noticiero, un tiempo dedicado a noticias de farándula y fútbol, pero que sea de 21 a 22 Horas, sólo noticioas serias.
Ojalá un Canal se atreviera a cambiar su formato. Así sabríamos lo que la gente realmente desea.

Saludos fraternos

Posteado por:
miguel salinas
28/03/2008 15:17
[ N° 2 ]

Sr Altamirano, pocas veces uno lee en la prensa algún comentario sensato. Felicito sus razonamientos. Pese a lo magazinesco del medio, ud. puede opinar su artículo referido a la tontera y argumentarlo con datos referenciales de la cultura y el arte. Pero lo inútil del tema está en quien tiene el poder de esos medios. Mire ud. lo que pasa con el canal de todos los chilenos. Su directorio es una parodia a la pluralidad. Sus verdaderos dueños son los avisadores. Y de su parrilla programática mejor ni hablar. Los mismos que ganan sueldos que son una verguenza (los camiroaga, las tomicic, los araneda...)conducen la tontera matinal, del mediodia, la tarde, la noche y la medianoche. Por otra parte el canal de la iglesia que se niega a difundir el condon e informar del VIH, contrata meretrices (las boloco, las kenita, las campos, las geishas...) para que aviven la comparsa. Pero así ha sido siempre, recuerde ud. al cura hasbún, murciélago arlequín de la dictadura, que con sus musarañas y su léxico canónico avivó la cueca macabra de esos años. Si hasta las jiles se ajilaron creyendonos giles y farandulean en el canal de piñera y se mezclan con los melnik, los nachos gutierrez (cuyo padre tiene negocios turbios en el sur), las garcia huidobro, los guille y los artorcillos del teleculebron, en que tambien actua la hija del desalojador que flirtea con la diputada cubillos y reprochan el postinor y el divorcio y van a misa y añoran el pinochetismo duro... En fin, que mas reality, que más telenovela, que mas tontera...

Posteado por:
Alfonso Gomez
28/03/2008 14:12
[ N° 3 ]

PEOR QUE ESTO SON LOS MENTADOS PROGRAMAS DE LA MAL LLAMADA FARANDULA.
lOS PERIODISTAS ( ? ) QUE INTERVIENEN EN ESTOS PROGRAMAS DEBEN SENTIR ALGO DE VERGUENZA POR TRASTOCAR ESA PROFESION TAN IMPORTANTE PARA LA SOCIEDAD. lOS PANELISTAS "NO" PERIOSISTAS SON TITERES DE UN PESIMO SCHOW.

Posteado por:
Marcela Ramírez T.-
28/03/2008 13:27
[ N° 4 ]

Las telenovelas nos cansaron, porque muestran siempre una irrealidad: Mujeres exquisitamente vestidas,bien maquilladas y que no hacen nada!Esto,con las extranjeras.Pero con las telenovelas chilenas,yo las abandoné cuando sus protagonistas,es decir, TODOS comenzaron a expresarse mal,y además con garabatos.En mi casa las prohibí a mis hijos,para que no aprendieran
lo malo.Aquí nadie dice ¿cachai?etc. etc.

Posteado por:
Hernán
28/03/2008 12:28
[ N° 5 ]

Lamentablemente existe el famoso people meter, que nos dice, no importa lo que se muestre siempre y cuando venda.
Los canales son esclavos de este aparatito y si el conflicto, el juego con la dignidad de las personas, en este caso de los reality, vende nada mas importa.

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