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Edwards, Jorge


Edwards, Jorge
Viernes 08 de Febrero de 2008
Volodia y Neruda

Germán Marín fue el gran aguafiestas de los funerales de Volodia Teitelboim. Dijo que sólo tenía un talento de escribidor, que sus memorias eran crónicas olvidadizas, que sus biografías estaban escritas desde el lugar común, que había sido siempre un cómplice del estalinismo, cómplice declarado en la década de los cuarenta y a comienzos de los cincuenta, vergonzante en los años que siguieron. Estoy de acuerdo en casi todo, pero creo que Marín fue injusto en un aspecto importante. Volodia, como lo comenté muchas veces con José Donoso, era un enamorado de la literatura, y eso quizá lo redimía de algunos pecados literarios. Fue un enamorado mal correspondido, desde luego, pero esto es harina de otro costal. A pesar de todo, a pesar de sus errores y sus majaderías, Volodia, con enorme paciencia, con tenacidad, con una notable capacidad de lectura, llegó a ser un verdadero hombre de letras, en más de algún sentido un buen académico, lo cual se contradice curiosamente con sus pretensiones revolucionarias. Ahora bien, ¿cuántos militantes comunistas de la vieja guardia terminaron en un declarado y consagrado academicismo? En Europa e Iberoamérica abundan los ejemplos, sobre todo en francés, en italiano y en español.

 

A mí me parece, eso sí, que los académicos, los hombres de letras, son necesarios, y más que nada en Chile, en nuestro paisaje intelectual más bien modesto. Por otro lado, los aguafiestas, como contrapartidas de nuestra mediocridad grisácea, son más que necesarios. Juan Emar, Vicente Huidobro, el propio Nicanor Parra, han pertenecido a esta familia insatisfecha y provocadora. ¿Qué hubiera sucedido si las ceremonias de la muerte de Volodia se hubieran reducido a unas pompas políticas, a una Internacional cantada al más alto nivel, a unas declaraciones extravagantes de Sebastián Piñera, quien de repente cambió su chaqueta de financista y de candidato, no se sabe con qué títulos, por la de crítico literario?

 

Germán Marín sostiene que Volodia, en su biografía de Neruda, “no se atrevió a ir más allá en sus relaciones amorosas”. Este juicio es una reducción más o menos simplista, hasta ingenua. Volodia no se atrevió a ir más allá, por motivos evidentes, en muchos elementos esenciales de la vida y de la poesía de Neruda, no sólo en los amorosos. Si uno lee su biografía nerudiana con un poco de atención, descubre que fue un verdadero maestro de la omisión piadosa. Voy a indicar sólo algunos detalles que, como podrá entender el lector ilustrado, son mucho más que detalles. Y conste que el Neruda de Volodia Teitelboim se presenta con una biografía clásica, respetuosa de la historia pública y privada del personaje, objeto de estudio para las generaciones presentes y futuras. Pues bien, me permito hacer unas pocas observaciones. El texto nos informa, por ejemplo, de que el joven Pablo Neruda consiguió por fin, a mediados de 1927, un nombramiento diplomático y viajó en junio de ese año al Extremo Oriente para asumir el puesto de cónsul de Chile en Rangún, en la antigua Birmania. Cónsul honorario, asegura el texto, pero la verdad es que era un consulado de elección, cargo que daba derecho a un sueldo fijo mínimo y a un porcentaje de las entradas consulares. Pero lo que importa aquí es otro “detalle”. La autoridad chilena indiscutida a partir de abril de ese año era el entonces coronel Carlos Ibáñez del Campo, quien iniciaba, en calidad, primero, de Vicepresidente de la República, y luego de Presidente, su período de cuatro años de dictadura militar ligeramente maquillada. Es un dato histórico importante. Las generaciones de hoy tienen derecho a conocerlo y no se puede omitir en una biografía seria. Por lo demás, no me parece que sea un argumento en desmedro del Neruda de Rangún, de Colombia, de Batavia, el poeta de Residencia en la tierra, uno de los grandes libros de toda la poesía del siglo XX. Ibáñez, a través de su Ministro de Hacienda Pablo Ramírez, dio becas a intelectuales y artistas como Camilo Mori, Luis Vargas Rozas, Israel Roa y Samuel Román, entre muchos otros. El llamado Grupo de Montparnasse, cercano a Vicente Huidobro, a Juan Emar, a no chilenos como Juan Gris o Alejo Carpentier, pudo formarse, en buena parte, gracias al apoyo del Estado ibañista. Si queremos enfocar nuestro desarrollo intelectual con claridad, sin recurrir a los ocultamientos piadosos, tenemos que decirlo con todas sus letras.

 

En todo el fenómeno esencial, dramático, de consecuencia humanas y políticas profundas, del estalinismo, Volodia escribe con una beatería y una hipocresía simplemente asombrosas. Veamos, por contraste, a fin de sacar conclusiones aceptables, actuales, reveladoras, tres o cuatro versos de Neruda en la sección El miedo, parte de Memorial de Isla Negra, sobre el fenómeno estalinista: “Siempre aquellas estatuas estucadas / de bigotudo dios con botas puestas / y aquellos pantalones impecables / que planchó el servilismo realista…”. En el mismo libro, poco más adelante, Neruda, ya de vuelta del realismo socialista, escribirá: “Amo lo que no tiene sino sueños. / Tengo un jardín de flores que no existen. / Soy decididamente triangular…”. Son afirmaciones transparentes, indicaciones inequívocas de un cambio estético y de visión política, aunque no sean ni pretendan ser o implicar un cambio de militancia. Neruda seguía leal a su partido, pero renegaba de su antigua y recalcitrante adhesión a José Stalin. Pues bien, Volodia, nuestro biógrafo aplicado, meticuloso, sentencioso, pasa todo este proceso por alto, o lo menciona en pinceladas ligeras, superficiales, asumiendo un tono general de gracejo, de algo que podríamos definir como gracejo sin gracia.

 

En algunos pasajes de su biografía de Neruda, las omisiones de Volodia son francamente extraordinarias. El poeta llega en el mes de agosto de 1940 a hacerse cargo del consulado general de Chile en la capital de México. A las pocas semanas, un funcionario mexicano se le acerca y le pide que ayude al famoso muralista David Alfaro Siqueiros, quien se encontraba en prisión, a salir del país y viajar a Chile. Neruda, en su condición de cónsul, le concede una visa a Siqueiros, a pesar de que no estaba autorizado por el ministerio chileno, y Volodia sugiere que lo hace por motivos culturales. Gracias a ese gesto, escribe, Chile puede contar ahora con un auténtico mural del pintor mexicano en una escuelita de Chillán. Es verdad, desde luego, pero hay otra verdad oculta, maliciosamente omitida. Siqueiros no estaba en la cárcel por una infracción del tránsito o por alguna evasión de impuestos. Siqueiros había organizado un atentado de un grupo comunista armado en contra de León Trotski, el archienemigo de Stalin, asilado desde hacía algún tiempo en la capital federal. Es un “detalle” que los lectores, después de más de sesenta años de los sucesos, tienen derecho a conocer. Pero resulta que el nombre “Trotski”, que tuvo tan estrecha y terrible relación con el problema del estalinismo, ni siquiera figura en la biografía de Volodia.

 

Germán Marín dice que el vate “ya el setenta estaba cabreado y empezó a hablar del estalinismo”. Si uno lo lee bien, descubre que su “cabreo” venía del año 64, fecha de la publicación del Memorial, e incluso de antes. En París, en vísperas de la concesión del Premio Nobel de Literatura, fue extensamente entrevistado por el conocido periodista Edouard Bailby para la revista L’Express. El tema de Siqueiros y de su asalto a la casa de Trotski salió a relucir. Neruda había llegado a México después del episodio, de manera que las acusaciones en su contra, que circulaban en Europa en vísperas del Nobel y que todavía circulan en algunos lados, carecen de base. Neruda le explicó a Bailby cómo un alto funcionario de México le había pedido que ayudara a sacar a David Alfaro Siqueiros, detenido demasiado incómodo, a Chile, y por qué le había dado la visa a pesar de la oposición de la administración chilena. Bailby, entonces, en la sala privada que había arreglado el poeta en el segundo piso de la residencia de la Motte-Picquet, le preguntó por su adhesión al estalinismo. ¿Qué pensaba él al respecto en esa segunda mitad de 1971, en los días en que era embajador del gobierno de Salvador Allende en Francia? La respuesta literal de Neruda, que consta por escrito en su entrevista de L’Express y que Volodia ni siquiera habría soñado con dar, fue la siguiente: Je me suis trompé. La dijo en su francés aprendido en los años veinte en el Instituto Pedagógico de Santiago. La traducción, como los lectores ilustrados saben, es: Me equivoqué.

 


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3 Comentarios publicados
Posteado por:
Sergio Munizaga
05/06/2009 00:29
[ N° 1 ]

Que lástima que la generación de poetas y escritores de los 50, destacaron por sus querellas y destacar los defectos de los otros,(la vida de los otros)en lugar de desarrollar cada uno sus talentos, Rocka con Neruda, Huidobro con Neruda,Volodia ignoró a Gabriela en su Antología,(en ese entonces era amigo de Huidobro)ahora veo que Marín contra Volodia ... en fin la lista es larga, y la verdad es que cada uno de los nombrados fueron un aporte cultural de primera, con versos y prosa de gran calidad literaria,y otros no tanto, pero que transversalemnte hoy lo vemos en otras actividades,la farádula,el deporte,simbolizado con los entrenadores deportivos(Bonvallet disparó durante años contra Pellegrini)y hoy éste tiene el Premio Nobel del Futbol,en resúmen .. en 50 años no hemos cambiado nada, la envidia sigue igual,o sea "Círculo vicioso" o " Historias de familia"
Sobre el autor de esta columna,destaco su trabajo sobre su tío Joaquín,"el inútil de la familia" retrato magistral,de un personaje,prisionero de su carácter, y que sin embargo sus crónicas retratan su época y la ciudad como ningún otro lo hizo.

Posteado por:
Igor Miranda
31/08/2008 22:56
[ N° 2 ]

te apollo ariel.

Posteado por:
ARIEL ALARCON RETAMAL
12/02/2008 01:07
[ N° 3 ]

Señor Edwards, su comentario, es sin lugar a dudas muy historico y seguramente cierto, pero como chileno le agradecería reconociera tambien que aparte de sus cualidades como escritor, tambien fue un gran impulsor del terrorismo en CHILE,que significo muchas muertes de chilenos inocentes o no señor EDWARDS,?

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