Edwards, Jorge


Edwards, Jorge
Viernes 01 de Febrero de 2008
Un festival literario

El nombre del Hay Festival, que acaba de finalizar en Cartagena de Indias y que se realizará este año en Granada, en Gales y en Segovia, deriva del pueblo del sur de Inglaterra Wye-on-Hay. Parece que en ese pueblo había un notable anticuario de libros y que, por un efecto de contagio, el lugar llegó a convertirse en su casi totalidad en algo así como un templo del anticuariado librero. Los ingleses aficionados al libro antiguo, los cazadores de incunables y de primeras ediciones, salen ahora de Londres y acuden por el día o por el fin de semana. Pienso ir en alguna oportunidad y comprobar estas cosas en el terreno. Y si alguien exageró en aquello de los anticuarios, aprovecharé para visitar la hermosa e histórica región de Gales.

 

El Festival de estos días en Cartagena, Colombia, en el que me tocó actuar incluso más de la cuenta, tuvo momentos de interés, pausas, encuentros y reencuentros. Como siempre ocurre en estas cosas. Conocí a novelistas de la joven generación india de lengua inglesa, como Kiran Desai, ganadora del Man Booker Prize 2006 con su novela El legado de la pérdida, y me encontré con algunos nombres nuevos de la literatura española y latinoamericana. Me dije a cada rato, en variadas oportunidades, que estos jóvenes son talentosos, ambiciosos, devoradores de libros, y al mismo tiempo se mueven en estos mundos de la edición, de la comunicación, de las reuniones internacionales, con una soltura que en mi tiempo, en mi vieja generación, no era tan fácil encontrar. Me encontré en una mesa redonda, en el patio del convento de Santo Domingo, frente a graderías repletas, con Juan Cruz, uno de los novelistas y periodistas más prolíficos que he conocido jamás, capaz de escribir la crónica de la sesión en un cuadernillo, mientras hablan los otros, y con un autor que no conocía ni de nombre, Enrique de Hériz. Es conveniente intervenir con prudencia, sin la menor arrogancia, sin confianza excesiva, cuando se dialoga con desconocidos. Porque Enrique de Hériz, sin ir más lejos, era un polemista de cuidado y una persona sutil, dotada de un saludable y hasta peligroso espíritu de provocación. Y el tema del debate era el siguiente: La familia como literatura. Ni más ni menos. Como era de esperar, salieron a relucir novelas que son historias de familias: obras de Thomas Mann, de Marcel Proust, de Benito Pérez Galdós. Fortunata y Jacinta es una historia de familia, y Madame Bovary también lo es. Historias de adulterios del siglo XIX, y sería fácil agregar una larga lista. Pero una norma de los Hay Festival es respetar la hora y conceder quince minutos a las preguntas del público. El público paga su entrada, conoce su tiempo y sus derechos, y parece que eso influye para que las preguntas sean concisas y no degeneren en declaraciones de principios. Querían saber cosas del padre de Juan Cruz, y de mi pariente Joaquín, el inútil, y del misterioso tejido de relaciones hogareñas narrado por de Hériz en su novela Mentiras. Conclusiones personales: leeré Ojalá octubre, la novela de evocación de mi viejo amigo canario, leeré Mentiras, leeré también, desde luego, El legado de la pérdida, y me imagino que después de esas lecturas miraré el mundo literario, y el mundo, sin adjetivos, de otra manera.

 

Hubo muchos otros temas atractivos y reveladores: la literatura de viaje, las biografías, las crónicas literarias, los cuentos infantiles. En esto de los cuentos infantiles hubo un pequeño drama que Ana María Moix, la presidenta de un jurado de estos cuentos, manejó con sensibilidad, con tacto. Porque se descubrió que el cuento ganador del premio concedido al género era un plagio, es decir, una copia al pie de la letra. Pero el autor del desaguisado, un niño de once años de edad, no sabía lo que era un plagio, y además había elegido el cuento plagiado con notable buen gusto. No sé qué solución final se adoptó, pero sé que no hubo escándalo y que la situación se manejó lo mejor posible.

 

Un detalle digno de mencionarse, reiterado, revelador de toda una forma de cultura, fue el claro predominio de los biógrafos anglosajones sobre los de lengua española. Siempre se ha dicho que somos, los de nuestra lengua, impúdicos para hablar y excesivamente reservados, cuidadosos, temerosos, cuando se trata de escribir sobre los demás o sobre nosotros mismos. Había tres notables autores de reportajes y de biografías: Jon Lee Anderson y Michael Ignatieff, de lengua inglesa, y el alemán Hans Christoph Buch. No faltaba, sin embargo, un latinoamericano, Alberto Barrera, autor de un Hugo Chávez sin uniforme. Por mi parte, sólo me hago una pregunta, y dejo la respuesta a los ilustrados lectores. ¿Cuál es la diferencia entre vivir en un mundo lleno de libros o en otro donde los libros son escasos y a menudo, por precio, por distribución, por lo que sea, inalcanzables? Desde luego, no tengo la menor intención de causarle molestias al señor ministro de Hacienda. Aun más, no creo que el IVA sea la causa de todo. Hemos creado un tipo de sociedad eficiente y a la vez ingenua, de mirada corta, donde se cree que los conocimientos económicos, científicos, tecnológicos son los únicos que de verdad interesan, y es probable que aquí nos encontremos con una responsabilidad colectiva.

 

Hemos viajado desde Cartagena hasta Bogotá y no podría decir que Bogotá es una ciudad perfecta. Bogotá se encuentra bastante lejos de ser una ciudad perfecta, culta, segura, desprovista de contrastes excesivos. Pero he caminado por los sectores del Banco de la República, de la Casa de Moneda, del Mueso Botero, en el antiguo barrio de la Candelaria, y las soluciones arquitectónicas modernas, originales, conectadas entre sí, abiertas al público, que ofrecen espacios generosos para el libro, para las artes visuales, para el teatro, me han sorprendido. Si los autores más diferentes se daban cita en Cartagena —ingleses, norteamericanos, norafricanos, españoles, argentinos, chilenos, colombianos—, era porque existe en el país, con todas las limitaciones que ustedes quieran, una cultura del libro y de respeto al libro. Asistí a la inauguración de una sede del Fondo de Cultura Económica de México en este viejo barrio de la Candelaria y me pareció una confirmación de lo que acabo de decir. El Centro cultural lleva el nombre de Gabriel García Márquez, quien, como todos saben, es un colombiano mexicanizado y que vive en México, y el arquitecto es el gran Rogelio Salmona, que falleció a fines del año pasado. Todas estas ceremonias oficiales, que me tocó padecer en mis años en la diplomacia, tienen un aspecto entre vacuo y lúgubre, pero la verdad es que las cosas y los discursos, aquí, tenían un sentido. Terminó la ceremonia formal, nos ofrecieron unos tragos de tequila y algunos partimos a visitar, en un piso más alto, la nueva librería del Fondo en Bogotá. Lo menos que puedo decir es que no tenemos nada en Santiago que se parezca ni de lejos. La librería tiene una estructura semicircular y su espacio permite colocar alrededor de cincuenta mil volúmenes. En la planta inferior habrá una de las bibliotecas mejores de la ciudad y encima de la librería una estupenda tienda de música. En buenas cuentas, nadie se queda corto. Y nosotros, los pretenciosos chilenos, tenemos mucho que aprender.

 

Antes de regresar a Chile, alcanzo a leer una crónica de Oscar Collazos en que comenta las críticas populistas al Hay Festival. Las entradas no eran caras, pero el bajo pueblo cartagenero brilló por su ausencia. Y en los conciertos públicos de conjuntos musicales africanos, que habrían debido interesar a la población afrocolombiana, las primeras filas estaban reservadas para diversos personajes VIP. Claro está, ellos se habían metido la mano al bolsillo para financiar todo este despliegue. Pero la crítica hay que tomarla en cuenta. En los próximos festivales, en el de la Alhambra de Granada, en el de Gales, en el de Segovia, los escritores tendrán que ir también a las escuelas y a los barrios marginales. De otro modo, Hugo Chávez nos puede lanzar una reprimenda severa, y no conviene dejarle el monopolio de algunas razones.

 


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7 Comentarios publicados
Posteado por:
juan bautista herreragutierrez, PERIODISTA PROFESIONAL.
06/12/2008 13:53
[ N° 1 ]

En un pqueño memo enconte su direccion, como periodistan me llamo al tenciomn y apnas tuve la oportunida los visite y me ha gusta que le asten espacio a la literatuta, preisamente cuando les escribose realiza el festival internacionalde poesis en cartagena. PEDRO BLAS JULIO ROMERO ES UNO DE LOS HOMENAJEADOS

Posteado por:
maria alejandra ulchur fernandez
18/11/2008 22:24
[ N° 2 ]

ganadora del cuento 2008 colombia

Posteado por:
María Alicia García Facino
13/02/2008 10:45
[ N° 3 ]

Como aquí se menciona el plagio,los invito a leer mi

blog http://jose-saramago.blogspot.com/ en donde están

los refranes sobre plagio preferidos por María Elena

Walsh (¡trabajando? en SADAIC

www.sadaic.org.ar ,plagió a la ganadora del Premio

Clarín Alfaguara/ Premio Clarín de Novela 2005),

José Saramago (plagió a la abogada chilena Ma.Cristina

Da Fonseca)y

Jorge Bucay (plagió a Mónica Cavallé),entre otros.

profesoragarciafacino@yahoo.com.ar

Posteado por:
Nelly Silva Ojeda
04/02/2008 08:57
[ N° 4 ]

Sr.Edwards:

Siempre escribo respecto de sus columnas que a mi juicio son interesatísimas.

Hoy simplemente quiero decirle que es un agrado disfrutar de su lectura.

Atemtamene,

Posteado por:
HECTOR RIVEROS SERRATO
02/02/2008 07:58
[ N° 5 ]

En Colombia editamos un portal de noticias y análisis de temas de actualidad, www.lapalabradigital.com , del cual forma parte, además, www.cartagenaampm.com . Nos ha gustado mucho este comentario del escritor Jorge Edwards a quien tuve oportunidad de saludar en Cartagena. Queremos solicitar su autorización para reproducir este artículo en nuestras páginas será posible? Mi correo electrónico es riveroshector@gmail.com

Posteado por:
Patricio Rojas
01/02/2008 22:22
[ N° 6 ]

Habria sido apropiado que el Señor Edwards hubiese dedicado su comentario, objetivo siempre, a la memoria del Premio Nacional de Literatura recientemente fallecido, Volodia Teitelboim Volosky.
Si bien merecido le ha parecido comentar sobre otros connacionales últimamente fallecidos y ligados a las letras periodísticas, ¿poqué no dedicar esta columna literaria a Volodia?, ¿No le parece, objetibamente comentando?

Posteado por:
Claudo E.
01/02/2008 20:22
[ N° 7 ]

CESAR VALDEBENITO ES EL ESCRIOTR CHILENO MEJOR DOTADO DEL MOMNETO, SU PALABRA FILOSA Y AGUDA, PERDURABLE Y UNIVERSAL NOS ASOMBRA

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