Edwards, Jorge
Edwards, Jorge
Viernes 21 de Diciembre de 2007
El hombre del año
La revista Time de Nueva York, que probablemente tiene la mayor circulación internacional del mundo contemporáneo, acaba de nombrar a su personaje del año. Descartó a Al Gore, destacado en el último tiempo por su campaña sobre el cambio climático, y a J. K. Rowling, la inventora de Harry Potter, y designó, en cambio, al nuevo Zar de todas las Rusias, al hombre que tiene el poder suficiente para elegir a su sucesor y seguir, a la vez, a la cabeza del gobierno, Vladimir Putin. Es una situación extraordinaria, un hecho histórico, aunque no nos guste. Putin, ex agente de la KGB, hombre surgido del interior del antiguo sistema soviético y que no se distingue por sus virtudes democráticas, por su respeto de los derechos humanos, por su aceptación de la prensa independiente. Lo que se ha visto a lo largo de su gobierno es más bien lo contrario: una mano autoritaria, arbitraria, carente de escrúpulos legales, que tiende a concentrar todos los poderes. No ha tenido necesidad de recurrir a los métodos que usaba José Stalin en los años treinta y cuarenta, pero uno advierte en su conducta y hasta en su estilo que el hombre es un admirador de los estadistas fuertes, implacables, absolutos, que siempre se han dado en el pasado ruso: desde Iván el Terrible y Pedro el Grande hasta el propio Stalin, el forjador del Estado soviético, el vencedor de la guerra contra Hitler. Es decir, el caso de Putin hace pensar que hay un elemento recurrente, cíclico, en la historia de su país, algo que se repite con diferentes nombres y hasta con diferentes ideologías, y que en definitiva la razón de Estado y las razones del viejo nacionalismo ruso se imponen a lo largo de las generaciones sobre todo el resto. Los editores de Time señalan que Putin “no es un buen chico, pero ha hecho cosas extraordinarias”. Claro está, dirigir ese país continente y que en muchos aspectos se encuentra fuera de los parámetros europeos, ajeno a la herencia de la Europa ilustrada, liberal, racionalista, no es un juego de buenos chicos. Cuando uno lee una novela de Dostoievsky o de León Tolstoi, cuando escucha una sinfonía de Shostakovitch o ve algunas de las películas clásicas de Einsenstein, encuentra siempre una sensación de misterio, de vastedad esteparia, de vientos que soplan de Siberia, de Asia Central, de espacios que son completamente ajenos a los de la experiencia nuestra. Uno se pregunta si la democracia occidental, de inspiración francesa, inglesa, norteamericana, tiene una entrada real o una equivalencia posible en el universo ruso. Rodión Romanovitch Raskólnikov, el asesino de una anciana usurera en Crimen y castigo, era, a su modo, un seguidor de Napoleón Bonaparte, pero es difícil concebir un seguidor más desviado, más descentrado, más anómalo y terrible. Es como si la influencia del bonapartismo, que llegó hasta nosotros en la forma de un código civil, cruzara las fronteras rusas y se transformara en un fenómeno diferente, que nosotros no alcanzamos a entender.
Mi limitado conocimiento de Rusia y de lo ruso no viene, como se puede observar, de ningún estudio sistemático. Es el producto de lecturas, de preferencias estéticas, de largas conversaciones. Acario Cotapos, por ejemplo, músico notable, residente durante largas temporadas en Nueva York, en París, en Madrid, hablaba con apasionada fascinación de la música de Modesto Mussorgsky, de Strawinsky, de otros grandes maestros de origen ruso. También era un lector febril de Dostoievski, como muchos de nosotros. Me acuerdo, por ejemplo, de haberme encontrado con Carlos Faz en el centro de Santiago, cerca de una gran librería de los años cincuenta, Lope de Vega. El joven pintor acababa de comprar las obras completas de Fiodor Dostoievski en la edición de Aguilar, no sé en cuántos tomos, y se preparaba para leerlas durante su viaje en barco a seguir su carrera en México, viaje del cual ya no regresó nunca. Por mi parte, todavía tengo a la vista unas desarmadas ediciones de El jugador, de Recuerdos de la casa de los muertos, de El príncipe idiota.
Es probable que el triunfo del comunismo en Rusia haya influido en estas actitudes, en esto que se habría podido definir como un estado de espíritu. No habíamos entendido todavía que el comunismo, en lugar de provocar un gran renacimiento cultural, iba a terminar por colocar una feroz mordaza colectiva. Pero mis cavilaciones de ahora van por otro lado. Lo que observo hoy es que los parámetros rusos son siempre muy difíciles de comprender con criterios occidentales. En la historia de Rusia, me dijo una vez Pablo Neruda en los años del deshielo postestalinista, siempre hubo un jefe de la policía del estilo de Lavrenti Beria. Habría tenido que añadir: y siempre asomó por ahí un Iván el Terrible o un Padrecito de los Pueblos a la manera de Stalin. Aunque Vladímir Putin no sea exactamente un Stalin, y los tiempos actuales, desde luego, no lo permitirían, es una astilla de ese tronco, un remoto seguidor suyo. Su política de defensa a toda costa, con sudor, terror y sangre, de la unidad nacional rusa, su manera de enfocar a la oposición política, y sobre todo si es una oposición de mentalidad ilustrada, pro occidental, llevan un sello inconfundible. Lo que no consiguió, precisamente, Lavrenti Beria, quien intentó quedarse con la totalidad del poder poco después de la muerte de Stalin, intento que pagó frente al pelotón de fusilamiento, lo consiguió a su modo, con mucho mayor astucia y finura, con voluntad de acero, este otro personaje formado en la policía secreta. Al lado suyo, Beria nos parece un palurdo, un chapucero. Putin, por el contrario, respeta los plazos constitucionales, guarda algunas apariencias, pero escoge a un sucesor dócil, incondicional suyo, y se prepara para seguir moviendo los hilos desde una relativa sombra.
Uno de los misterios mayores, claro está, es el de la reacción popular frente a estos dirigentes políticos que tienden a convertirse de la noche a la mañana en amos absolutos. La interpretación del fenómeno por la revista Time es interesante. Según sus editores, el pueblo ruso siente un rechazo instintivo frente a toda forma de inestabilidad y agradece al gobierno de Putin el haber mantenido una paz social sin conflictos mayores. Por mi parte, no me parece que el deseo de estabilidad, de orden público, de paz interior, sea un fenómeno exclusivo de Rusia. Pero el sistema democrático tiene por finalidad permitir, justamente, que haya largos períodos estables, pacíficos, en las sociedades modernas. Uno se pregunta, por lo tanto, en qué consiste la diferencia, la variante rusa. En estos asuntos las teorías de los periodistas y los politólogos suelen andar por un lado y las realidades sociales por otro. Una señora rusa mayor que conocí hace años en Moscú y que guardaba una memoria amarga de la etapa comunista, me confesó, sin embargo, que al conocer la noticia de la muerte de Stalin, en los primeros meses de 1953, salió a la calle, desesperada, y lloró a mares en medio de la multitud.
Un tema significativo, que sigo en estos días con atención, es la mezcla curiosa de profunda complejidad y de gran simplicidad, simplicidad casi campesina, que parece asumir el poder en el país de Yeltsin y de Vladimir Putin. El poeta Evtuchenko, durante un encuentro de hace años en Chile, me contó que a Yeltsin le faltaban dos dedos en una de sus manos y que esto, para él y para los demás, era causa de complejos, especulaciones, disimulos de todo orden. Ahora leo que Dimitri Medvédev, el delfín, es un poco más bajo de estatura que Putin, el hombre fuerte, y que trata de disimular el hecho a toda costa, con los más diversos subterfugios. Son problemas que derivan de los ritos, de los símbolos, de las liturgias de un poder altamente concentrado y necesariamente cargado de factores irracionales. En otras palabras, en el poder ruso interviene un elemento sagrado impalpable. Los zares tenían un aura, un misterio de esta especie, y también los tienen, de otro modo, los Stalin y los Putin. Así lo intuyen, por su lado, los electores rusos. Y todos sabemos que una Rusia estable, próspera, segura, es un actor mundial de primera magnitud. Frente a esto, cualquier ideología es secundaria. No hay vuelta que darle.
5 Comentarios publicados
Posteado por:
Cristian Muñoz
25/12/2007 16:40
[ N° 1 ]
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Estimado Jorge : Siempre me sorprenden los escritores por la claridad de sus miradas sobre los acontecimientos politicos. Vivi en Rusia y algo conoci de su historia, geografia, y de Raskolnikov. Entiendo y comparto su percepción sobre el alma rusa, usted debe saber que Marti sin jamas haber estado en Rusia a traves de las obras de Chaikovski lograba igual que usted acercarse al corazon ruso. Nunca entendi el nihilismo ruso, nunca comprendi que fueran de picnic al bombardeo del parlamento que ordeno Yelsin. Tampoco a Kutusov entregando Moscu en llamas. Si percibi la grandeza de su creacion cultural, su maestria cientifica y la dulzura de su violenta alma cuando la injusticia les aparece. Los vi jugar ajedrez y supe que la palabra inteligencia tiene su origen en Rusia. Supe de la pasíon de los primeros Bolcheviques y de los crimenes de sus heroes atormentados. ¿ Para que te sirve mi vida? preguntaba Bujarin a Stalin en una pequeña nota desde la mazmorra donde sería asesinado. Putin es el mismo Komsomol que soño que Andropov lo lograria, espero y espero y ahora como usted dice, utiliza todos los medios democraticos para lograr que Rusia sea grande, como cualquier Ruso cree que su destino sera fatal,pero no el de Rusia
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Posteado por:
Alejandro Vielma
23/12/2007 20:59
[ N° 2 ]
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Estimado:
El "universo" ruso al igual que cualquier otro universo, no es otra cosa que un correlato de su historia y la "historia" NO ES LA OFICIAL o la politicamente correcta, es la que propio inconciente colectivo de cada pais vivio, vive y vivira.
Un minimo conocimiento, sobre el inconciente colectivo ruso, significa leer sus "clasicos" y ahi verificar que el concepto de servidumbre, no fue "transformado" por la revolucion popular o "del proletariado", solo reemplazaron a sus NOBLES y BOyardos por los "Funcionarios del Partido"
Una verdadera democracia, necesita "hombres libres" y no funcionarios del partido o ser obsecuente con arbitrariedades porque tienen un "fin superior"
El cambio de los "cuadros mentales" los "transfondos de obviedad" y los "paradigmas" significa TRABAJO y ESFUERZO por REESCRIBIR la HISTORIA, reconstruyendo los "Actos Viciosos" por nuevos Modelos de Actuacion y nuevas formas de interacccion.
En nuestro propio pais, con una "HISTORIA" de enlaces familiares, compadrasgos, apadrinamientos y favoritismos, desde las "Primeras Encomiendas" y la "compra de Titulos" para ser familia noble y "tapar" al aventurero analfabeto hijo de judios conversos mesclado con mozaber, en un limpio guerrero desendiente de visigodos........bueno hasta ahora tambien se sigue haciendo, con posgrados, y doctorados...pero con CAMBIAN los "cuadros mentales" los "transfondos de obviedad" y los "paradigmas"
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Posteado por:
Adolfo Wagner W.
22/12/2007 21:44
[ N° 3 ]
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El alma rusa , tan ajena a nuestras formas de ver las cosas , se refleja en su música y literatura . Los períodos de Gloria de la Gran Rusia , siempre se produjeron teniendo gobernantes fuertes . Ejemplos muchos . La madrecita Rusia y el padrecito
Zar o Stalin , típicas expresiones populares reflejan mucho de este gran pueblo . Iván , Pedro , Catalina y Stalin . Todos , a su manera , amados y temidos , gobernaron a Rusia , o Todas las Rusias , con puño de hierro .
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Posteado por:
J. Ulloa
22/12/2007 18:33
[ N° 4 ]
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demasiado cultureta el artículo.
qué tiene que ver Rodión Romanovitch Raskólnikov etc etc? nada!
no hace falta nombrar a los poetas de un país cuando se habla de política. porqué mejor no hablamos de Gordon Brown y de Shakespeare y de Dickens?
al final, la imagen que tenemos de la Rusia de cuentos sigue igual.
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Posteado por:
Sixto Lemus
22/12/2007 13:30
[ N° 5 ]
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Mas me parece que la cosa es por alguna simpatía y quien dice que no tenga acciones en la revista esa que lo aclama más quizás por alguna simpatía que por eficacia gubernamental, ya que sabida es la Pobreza Franciscana existente allí tanto o más que en los paises latinos, incluídos Chile. Bueno sería saber cuales han sido las obras económicas para ayudar a su pueblo a salir de la pobreza, ya que aparte de seguir una huella de comunismo duro ancestral, dogma sabido que se aprovecha de la ignorancia del pueblo para mantenerse en el poder y no voy a obviar que es casi lo mismo que sucede en un triángulo de seudos monarcas del poder que usan ritos bolivarianos, caribeños, etnias, o similares para mantener lavados los cerebros de los electores y hacerlos creer que sólo existen ellos como mesias salvadores de su pueblo. Miremos las canastas familiares. En Rusia señor hasta hace poco no conocían el Te menos el café, ni menos los envases tetra de lácteos, jugos, etc. ya que si no hubiera sido por que finalmente se autorizó la entrada de los Mc Donalds, no sabrían de hamburguezas, te, café,Jugos, etc., me refiero al Pueblo porque los jerararca y sus coyunturas o adeptos siempre comieron ciervo. Yo le daría más el premio del año a aquel que eliminó allí la famosa tarjetita de alimentos que acá nos impuso un tiempo la UP de Allende. Le agradecería se explayase en un 2do. capítulo si puede, sobre los avances en la canasta familiar de los Rusos y sus ingresos, ya que famas por politiquerías ya tenemos bastante.
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