Edwards, Jorge


Edwards, Jorge
Viernes 14 de Diciembre de 2007
Cultura de los parques

Ahora que acabo de anunciar mi jubilación como presentador de libros, asisto a pocas presentaciones y prefiero aquellas en las que tengo la posibilidad de aprender algo. Por eso, entre un poeta lírico y un historiador de la ciudad, un memorialista de sus parques y jardines, elijo al historiador y memorialista. Mi elección tiene una ventaja adicional: me obliga a cruzar un par de calles, a estirar las piernas, a subir por escalones de piedra peligrosamente irregulares hasta la terraza principal del cerro Santa Lucía, el lugar metafísico, para decirlo de algún modo, de mi infancia y mis años de estudiante. Lo primero que hago al llegar a la terraza Caupolicán, antes de acercarme al pelotón más bien escaso de los presentadores, es asomarme por las barandas del costado sur. Desde ahí miro la Alameda, rodeada ahora de edificios de una fealdad sorprendente, y reconstruyo con la memoria la casa de mi abuelo materno en el número 520, el edificio de la Falange Nacional con su patio y sus palmeras, la esquina de la Alameda con la calle Carmen, el antiguo convento del Carmen Alto (¿o del Carmen Bajo?) que se encontraba en la vereda opuesta y que se incendió antes de entrar a la década de los 40. En mis recuerdos remotos, había casas en las laderas del sur del cerro, donde ahora hay jardines y una piedra con un fragmento de carta de Pedro de Valdivia, y los curiosos se apretujaban en las ventanas, en las puertas, en los senderos, para mirar las llamas que arrasaban con los muros conventuales. 

 

Mi asombro actual, mi desconcierto, mi desencanto sin remedio van hoy por un lado muy diferente. Compruebo que se derribó toda una esquina, que se demolió un conjunto de fachadas nobles, bien diseñadas, con el propósito de construir un paso de automóviles bajo nivel, y que el resultado es un atentado contra la estética del centro de la ciudad y contra el uso público, civilizado, culto, que debía tener el cerro, según la idea original del intendente Benjamín Vicuña Mackenna. La razón es clara. El paso bajo nivel destruyó el acceso natural al Santa Lucía que se tenía desde la Alameda, la plaza Vicuña Mackenna y la calle Moneda. El cerro quedó aislado, instalado en una especie de macetero gigantesco, y a partir de ahí empezó a deteriorarse y a convertirse en un sitio peligroso. El paseo natural que había concebido el imaginativo y creativo don Benjamín, destinado a permitir que los santiaguinos se liberaran del cuadrilátero y del cemento del centro y pudieran subir por senderos amenos, entre jardines y árboles frondosos, resultó destruido de una plumada por nuestra ceguera urbanística, que por lo visto no tiene remedio, y por nuestra bárbara pleitesía a su majestad el automóvil. Ahora se baja desde la plaza Italia y se divisa, en la esquina de Alameda y Carmen, que era como la entrada noble al centro urbano, un vacío, unas panderetas curvas provisionales, unos horribles letreros. La entrada al paso bajo nivel por Santa Lucía habría que haberla iniciado desde mucho antes y haber desembocado muchas cuadras más adelante, pero tenemos dos especies humanas: las personas de mirada larga, como don Benjamín, categoría escasa, casi extinguida, y los incapaces de mirar más allá de la punta de sus narices, género que domina e impera en todos nuestros rincones, municipales y no municipales.

 

Como nos explica Miguel Laborde en su interesante libro Parques de Santiago, y como lo dijo con mayores detalles durante la presentación, Vicuña Mackenna, con una visión que ninguno de sus contemporáneos era capaz de compartir, quería que en el cerro hubiera dos instituciones clave: un museo del mundo indígena y colonial, dos aspectos de su historia que el Chile de la segunda mitad del siglo XIX ignoraba en forma rampante, y una biblioteca pública de amplio fondo y de uso cómodo y fácil. En esta forma, el santiaguino pobre o de clase media, que no tenía biblioteca en su casa ni parque privado, a diferencia de los grandes señorones de esa época, podía salir de su trabajo, subir al jardín de todos, al “parque aéreo”, como lo definió Vicuña en uno de sus textos, recordar durante un rato fragmentos de una historia olvidada, fragmentos que eran partes de una identidad nacional, y al final del recorrido entrar a una biblioteca, pedir un libro y sentarse a leerlo en cómodos sillones, en una amplia terraza, con el soberbio paisaje de la cordillera de los Andes como telón de fondo. Desde la perspectiva de estos tiempos, de los disparates urbanos y urbanísticos actuales, no era poco. Don Benjamín, nuestro precursor, soñaba con una democracia de los parques, con una ciudad de ciudadanos, con salir de normas inquisitoriales, de un racionalismo estrecho, y encontrarse con un aire fresco, una historia, una naturaleza. Al final de la presentación, a la hora de los comistrajos campesinos, corría la brisa del atardecer y uno pensaba que el agobio del centro, el de los ministerios, los bancos, las oficinas, el de la sombra de las administraciones, a pesar de su cercanía, había quedado lejos, cancelado. Era una experiencia diferente del Santiago de siempre. A don Benjamín, sin embargo, como me aseguró Miguel Laborde, lo tienen relegado en las encuestas sobre chilenos ilustres, y a mí no me sorprende nada. Lo tienen relegado, lo seguirán relegando, y fiarse en encuestas, en estadísticas, en rankings, es uno de nuestros disparates mayores. Porque, díganme ustedes, ¿quién realiza esas encuestas, esos rankings? Yo me niego a cada rato a contestar para no tener que contestar cualquier cosa. 

 

Mi interés e incluso mi admiración frente al trabajo paciente de Laborde no excluye la crítica. Algunos dirán que soy un criticón y otros no se interesarán en el asunto. Laborde sostiene que Vicuña Mackenna se interesaba en estos temas y organizaba un museo indígena porque no era afrancesado. Yo sostengo exactamente lo contrario. Don Benjamín, liberal a la manera del Chile del XIX, había leído a Michelet, a Jean-Jacques Rousseau, a Diderot y Voltaire. Basta recorrer sus crónicas y sus libros históricos para entender esto. Era un seguidor apasionado de la Ilustración y del pensamiento francés progresista de su tiempo. Discrepaba con algunas tendencias de la Gran Revolución y adhería con frenético entusiasmo a otras. Si era capaz de romper tabúes acerca de nuestro pasado indígena y mestizo, si analizaba nuestros siglos coloniales con mirada crítica, era por su calidad intelectual, por su independencia, por su capacidad de lectura. Ser afrancesado, esto es, lector de Jules Michelet, de Victor Hugo, de todos ellos, le abría la posibilidad de ser un chileno moderno, en el más amplio sentido de esta expresión. Un chileno avanzado para su época. Mientras sus parientes cercanos, sus compañeros de colegio, se hartaban de comer dulces y de golpearse el pecho en las misas de los domingos, don Benjamín leía a escritores cuyos solos nombres eran anatemas y que figuraban en todos los Indices del Santo Oficio de esa segunda mitad del siglo XIX. Su pasión por el cerro era tal, que garantizó créditos bancarios con avales personales a fin de completar las obras. La Municipalidad de Santiago se hizo cargo en un comienzo de esas deudas, pero don Benjamín, poco después, tuvo la nefasta idea de presentarse de candidato a la Presidencia de la República. Uno de sus adversarios más temibles, don Federico Errázuriz, nunca se lo perdonó. La municipalidad le retiró los créditos y don Benjamín terminó sus días en la ruina. En un archivo privado, inédito hasta el día de hoy, escribió: “Yo me creo implicado para escribir sobre Errázuriz. Su despojo del Santa Lucía para conmigo fue una acción infame. Por esto callaré”. Pero no era, Vicuña Mackenna, persona rencorosa. Algunos años más tarde escribió un bosquejo biográfico ecuánime, sin la menor amargura, sobre ese primer Presidente Errázuriz que tuvimos en Chile.


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9 Comentarios publicados
Posteado por:
Enrique Inostroza
17/12/2008 07:35
[ N° 1 ]

Que comentarios más incoherentes los que acabo de leer. Empezando por las faltas de ortografía evidentes de quienes pregonan lo "civilizado", y luego aquellos que se refieren a Mackenna como un filántropo. De Sixto Lemus, !ni hablar!... que opinión tan básica y absurda. En lo único que estamos de acuerdo con ese señor, es en que Vic. Mackenna (nombrándolo de manera siutica) ha quedado en los anales de la historia por ser un referente, que jugó un rol gravitante en el proceso homogeneizador para la construcción de un Estado nacional oligárca.
Respecto a eso de "junto trabajo" (que me imagino que en realidad quería decir "juntó" [así, con tilde], es necesario aclarar que en la costrucción del cerro Santa Lucía, la mano de obra utilizada pertenecía a presidiarios que cumplían condena, por lo tanto, no se les pagaba sueldo.
Les recomiendo a todos leer el libro "¿que hacer con los pobres?" de Luis Alberto Romero, quizás ahí puedan internalizarse en el tema y luego opinar con más propiedad.
Saludos cordiales

Posteado por:
Carlos Rieslink Chamorro
19/12/2007 15:51
[ N° 2 ]

Que grato leer un articulo escrito por alguien civilizado!Hace falta que nos preocupemos mas de los parques que de los malls,mas de los espacios publicos que de los computadores y celulares,mas del patrimonio arquitectonico que de los automoviles...El ser humano y su alma es lo que mas importa, no el rendimiento ni las estadisticas- que son un medio NO un fin-, por mucho que los negociantes, empresarios, constructoras intenten convencernos de lo contrario!

Posteado por:
Alejandro vielma
18/12/2007 21:52
[ N° 3 ]

Etimado:

Gracias por recordar a ese gran chileno que fue Don Benjamin Vicuña M. y no Vic. Mackenna como algunos "siuticos" chilenos aun se refieren a el.

Gracias por recordar que a costas de su capital, nos REGALO la TransConstruccion del cerro WELEN como dicen ahora y lo convirtio en Santa Lucia.

Don Benjamin Vicuña, si fue un ECOLOGISTA, que no pinto murallas , ni le tiro pintura al hall de entrada a una TRANSNACIONAL por invertir en CHILE.

El hizo ecologia de verdad, junto tierra, junto agua, junto trabajo y creo un parque y un pulmon para esta pobre ciudad.

Fue un "adelantado" y por lo mismo incomprendido, creo que junto al Sr. Fco. Vergara; son casos asintomaticos porque le dieron de su dinero al FISCO, no como se usa ahora sacarle dinero al Fisco.

Gracias!!

Posteado por:
Antonio
17/12/2007 15:51
[ N° 4 ]

Gracias, Jorge,por permitir que mi mente vuele y poder abrir la venta para que lleguen nuevos pensamientos o viejos pensamiento. Gracias por saber que estoy lejos de Santiago y que pudiesen existirn nuevos Benjamines.

Posteado por:
Ricvardo Calderón
17/12/2007 13:25
[ N° 5 ]

Leer a Jorge Edwards, es como disfrutar del poco oxigeno que le queda al Santa Lucía. Es aferrarse a un mundo en retirada, donde "La maldad insolente", del Cambalache, reina en diarios radios y televisión.
Gracias a La Segunda por traernos este remanso en medio de nuestro escarpado caminar por el nuevo siglo.

Posteado por:
Hector Gomez
17/12/2007 07:59
[ N° 6 ]

Gracias senor Edwards por pensar y hacerlo bien,ojala usted tuviera mas injerencia en los asuntos de cultura y urbanismo en nuestro pais

Posteado por:
sixto lemus
15/12/2007 16:12
[ N° 7 ]

Don benjamín tiene su bien ganado sitial en la Historia de Chile y más ruinas o menos ruinas como monumentos nacionales no lo van a inquietar en su tumba. Su sólo apellido ya lo cataloga como un Chileno Ilustre como los de su época. Ahora si Ud. se refiere a estos postulantes para se catalogados como Ilustres, obviamente por el par de Poetas hay una falta de respeto total, ya que por sus premios nóbeles ya son Ilustres, no necesitan competir con nadie.

1.- Pablo Neruda
2.- Gabriela Mistral
3.- Violeta Parra
4.- Alberto Hurtado
5.- Manuel Rodríguez
6.- Arturo Prat
7.- Lautaro
8.- Víctor Jara
9.- José Miguel Carrera
10.- Salvador Allende

Aunque si observamos, hay 5 según sus biografías con claras ideas de Izquierda y un guerrillero. El sacerdote, dos uniformados y entremedio un indio, es como las películas evitando el que dirán del racismo cuando meten un par de morenos, siendo auspiciado por los medios de la Tele y obviamente Periodistas y profesores que no se cataloga la mayoría por ser de Derecha, de tal modo que se ve a todo dar que es muy parcial la encuesta. Loable el reclamo del Instituto Ohigginiano por no haber incluído al prócer. Como dijo el Sr. Ovalle, en Chile se respira un aire enrarecido y el pulmón que era el cerro huelén ahora en una encerrona por las vias segregadas no ayuda mucho a ventilar. En un tiempo seguro que si siguen estos Gobiernos se va a manejar por la izquierda como en Gran Bretaña o sus ex-colonias. Ud. sabe que viaja.

Posteado por:
Ruperto Barragan Lienlaf
15/12/2007 14:59
[ N° 8 ]

Por favor Sr. Director de La Segunda, le suplico haga llegar una copia de este tan pertinente articulo a : A la Ministra de Cultura, Al MInisterio de Vivienda y Urbanismo,Al Sec Ejecutivo del Consejo de Monumentos Nacionales; a nuestros distinguidos parlamentarios, a la Sofofa, a Ricardo Claro, A Sebastian Pinera, al Alcalde de Santiago, a la Intendencia metropolitana,a Sernatur,a las Constructoras Paz y Froimovich, a la Constructora Somonetti, entre otras......Y a tantos mas ,a quienes no parece importarles un comino que vivamos en una ciudad tan horrenda sin memoria , lobotomizada,sin hitos en los cuales reconocernos...ningno de nuestros numerosisimos millonarios de hoy nada hacen ni donan como D. Benjamin,dejan que se caiga a pedazos el palacio de la Alhambra, que no se encuentre dinero para terminar la restauracion del palacio Arzobispal, para recuperar el parque O Higgins y la Quinta Normal,la Iglesia de los Sacramentinos, el sector de la Estacion Mapocho, el ex Teatro Real y tantos sectores mas del centro Historico de nuestra capital- que contiene la mayor DENSIDAD de patrimonio de toda la Nacion- y que los intereses pequenos de tan pocos nos estan robando y a las generaciones que vienen....

Posteado por:
Nicolás Pablo Retamales Figueroa
14/12/2007 16:14
[ N° 9 ]

La memoria es algo preciado. Siga recordando y relatando a ver si alguno de aquellos que no es capaz de mirar más allá de sus narices de reojo lee y comprende lo que Ud. relata.
Saludos.

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