Juan Andrés Fontaine
|
|
Los mercados financieros están al borde de un ataque de nervios. Un día, alarmados por las pérdidas que anuncian los grandes bancos norteamericanos, los inversionistas huyen despavoridos y se derrumban los precios de las acciones y otros activos. Al día siguiente, se extiende el rumor acerca de alguna intervención salvadora de un banco central, suben los ánimos y se disparan las bolsas. Incertidumbre es el nombre del juego y cuando impera la desconfianza lo más probable es que la actividad económica global se resienta. Es hora de revisar si nuestros cinturones de seguridad están bien abrochados. No es que el escenario más probable sea una recesión mundial. Esta vez los mayores problemas están radicados en Estados Unidos, una economía cuya fortaleza y flexibilidad no pueden ser subestimadas. Pero ya es evidente que la caída de los bienes raíces y la consiguiente morosidad en los créditos hipotecarios llamados "sub-prime" está causando bastante más daño a los grandes bancos del mundo de lo que se había previsto. Aunque aún no hay datos duros que lo confirmen, existen fundados temores de que la desconfianza acarree a una restricción general en el crédito y la contracción de la demanda de consumo. Todo parece indicar que Estados Unidos, locomotora de la demanda global, pasa ahora a marcha lenta y ello no puede sino repercutir en el mundo entero. Luego de espectaculares cuatro años -y aunque China siga produciendo a toda máquina- nuestros mercados de exportación, cobre incluido, es probable que se vuelvan menos auspiciosos. Ahora que el barómetro económico marca días de lluvia, es cuando se aprecia el que las políticas macroeconómicas nos tengan bien apertrechados. La estrategia fiscal iniciada por el ex ministro Nicolás Eyzaguirre y mantenida contra viento y marea por su sucesor, el ministro Andrés Velasco, ha significado obtener año a año un voluminoso superávit, destinado al pago de deudas y acumulación de ahorros. Chile enfrenta la eventual desaceleración mundial con nula deuda pública neta y bajísima deuda externa nacional neta. La solvencia financiera alcanzada nos permite mirar con tranquilidad los nubarrones que se dibujan en el horizonte. De hecho, bien puede ser que en el nuevo escenario mundial, nuestro principal riesgo sea sufrir pérdidas patrimoniales sobre los más de US$ 35.000 millones que, entre el fisco y el Banco Central, mantienen invertidos en el exterior. Es oportuno resaltar la importancia de disponer de métodos de administración profesional y transparente de estos ahorros, tarea en la cual el gobierno ha avanzado inexplicablemente lento. Como era de esperar, la bonanza minera ha traído una abundancia de divisas en el país y la consiguiente caída en el precio real del dólar. Ello ha despertado explicable inquietud en los agricultores e industriales. Sin embargo, es digno de destacar que, pese a la holgada situación de las cuentas externas, hemos evitado la temida "enfermedad holandesa", el derrumbe del dólar ocasionado por el auge de algún producto de exportación. Ello habla bien del manejo de la política fiscal y de la calidad de nuestro mercado cambiario. Un mercado libre del dólar es sumamente sensible a las expectativas de las condiciones de la economía mundial. Hasta ahora, parece haber primado la percepción de que en el nuevo escenario, las tasas de interés en EE.UU. se mantendrán muy bajas -ya son inferiores al 2% real anual para instrumentos estatales de hasta 30 años plazo-, lo cual estimula la afluencia de capitales hacia Chile y continúa fortaleciendo al peso. Pero las turbulencias financieras también están tornando a los inversionistas más reticentes al riesgo de los países emergentes. Incluso el cobre, contraviniendo los pronósticos, ha comenzado a aflojar. Si viene un frente de mal tiempo, las turbulencias también se harán sentir acá sobre el mercado del dólar. La bonanza minera ha enriquecido al país. Los valores de los activos bursátiles y otros han aumentado. El endeudamiento de las personas se ha extendido velozmente y alcanza niveles que, sin ser alarmantes, comienzan a preocupar. Como consecuencia, el gasto de consumo crece fuerte: sobre 7% anual en lo que va corrido del año. Su contrapartida es el descenso de la tasa de ahorro del sector privado, desde 17% a 13% en los últimos cuatro años. La balanza comercial sigue fuerte, pero el crecimiento de las importaciones va mucho más rápido que el de las exportaciones. Las políticas macroeconómicas son en parte responsables de la vigorosa expansión de la demanda. La estrategia fiscal no ha impedido un contundente incremento en el gasto público. Su tasa de aumento, de 7,4% anual en los últimos tres años, ha sido sistemáticamente superior a la del crecimiento potencial, lo cual sugiere que la política fiscal ha tenido un carácter expansivo. Es cierto que gracias a la mejoría de los ingresos permanentes del cobre y los intereses ganados por los ahorros, no ha sido necesario recurrir al endeudamiento, pero no por ello deja el gasto público de actuar hoy como un potente estímulo a la demanda interna. El gobierno, en lugar de utilizar la bonanza para rebajar impuestos que gravan el ahorro y la inversión, optó por el incremento masivo del gasto público. En la agenda política futura se contemplan fuertes incrementos del gasto en seguridad social -producto del estreno de la pensión básica solidaria- y, una vez concluidas las deliberaciones de la comisión de equidad, es altamente probable que incorpore subsidios adicionales a los sectores de ingresos bajos y medios. En educación, salud e infraestructura hay planes ambiciosos. Pese a los esfuerzos de los negociadores oficiales, el reajuste de los sueldos de la administración pública es oneroso. Todo esto crea expectativas de continuo jolgorio y alienta la expansión del gasto privado. Mientras tanto, el Banco Central ha permitido una fuerte expansión monetaria, a un ritmo del orden del 20% anual, y mantenido más allá de lo prudente tasas nominales y reales inferiores a las de equilibrio de largo plazo. No debe sorprender entonces que, en un contexto de fuertes e incontrolables presiones de costos, la inflación se haya escapado largamente de la meta oficial. Afortunadamente, la buena reputación de la autoridad monetaria se mantiene intacta, pero no podrá contar con esa condición por mucho más, si no se resuelve a aplicar una política monetaria más firme. Una vez aclarado el innecesario suspenso por la sucesión de su timonel, el Banco Central deberá tomar cartas en el asunto. Aunque estamos como nunca de bien preparados para encarar el mal tiempo, en zona de curvas hay que manejar despacio. |
| Do | Lu | Ma | Mi | Ju | Vi | Sa |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | ||
| 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 |
| 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 |
| 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 |
| 27 | 28 | 29 | 30 | 31 |