Edwards, Jorge
Las pasiones pueden elegirse. Además, y por eso mismo, se pueden cambiar. Una pasión es un problema de concentración, de fijar la atención en algo, de computar en un sentido determinado y no en otro, como decía un amigo ya desaparecido. Mi gusto por el fútbol viene de la infancia, de los patios del colegio de San Ignacio, de un estadio de los extramuros del Santiago de entonces donde se organizaban pichangas. Después de mirar el partido del miércoles en la noche y de leer la prensa del jueves, he pensado en cambiar la pasión del fútbol por la del cricket. No es posible, me he dicho, pasar de decepción en decepción, de fracaso en fracaso, como decía una samba de los años cincuenta. ¿Por qué no, entonces, fijar la atención en el cricket, que ha convertido a un gran jugador de Pakistán en figura política, que le ha permitido poner en jaque al gobierno? Algo debe de haber en el cricket, digo yo, para producir una pasión colectiva de esa fuerza en un país tan diferente y lejano. Tuve un amigo y colega de origen cubano en una de las universidades norteamericanas donde alguna vez hice clases, en la de Vanderbilt, en la ciudad de Nashville, Estado de Tennessee, para ser más preciso. Era un fanático del baseball y no se perdía partido en la televisión. Yo no entiendo nada, le decía, y él replicaba: “Si te concentras, si pones atención y aprendes las reglas, verás que es mucho más interesante que el fútbol”. Mi amigo no me convencía, pero ahora, después del partido del miércoles en la noche, quizá revise mis antiguas nociones. Porque un conjunto de jóvenes que hace toda clase de fiorituras y arabescos, que se desplaza por el campo con cierta elegancia, pero que no sabe llegar al arco contrario con un mínimo de eficacia, es una fuente de frustración permanente. Sobre todo cuando el otro equipo llega menos, pero cada llegada suya es una verdadera estocada, un golpe simple y contundente. Me propongo, entonces, examinar lo del cricket, y dejo la alternativa del baseball abierta.
Con las ciudades puede suceder algo bastante parecido. La pasión por una ciudad determinada es un tema de concentración, de mirada atenta, de experiencia humana. Y además de todo eso, de tiempo, de circunstancias. Me han pedido en estos días que escriba un ensayo sobre Madrid.
En épocas pasadas conocía mucho mejor Barcelona y mis gustos personales se relacionaban con una constelación diferente: París, Sevilla, probablemente Venecia, quizá Lisboa.
Lo que sucede es que entré a Europa por el puerto de Lisboa y a España por el de Barcelona, en la primavera remota de 1962.
La llegada al mundo de Madrid, a los secretos de Madrid, fue una experiencia tardía, acumulativa, lenta. Carlos Barral, mi amigo y primer editor en lengua española, fue en sus años finales senador socialista por la provincia catalana de Tarragona. Me pedía que cuando pasara por Madrid fuera a visitarlo al Senado, donde me mostraría “su” biblioteca. Era el único miembro de aquella honorable institución que se preocupaba de la biblioteca, y por eso había llegado a considerarla suya. Pero ahora he comprobado que no conocer el Madrid de Barral fue un error mío. Porque él, aunque era catalán por los cuatro costados, barcelonés de pura cepa, tenía una afición curiosa, literaria, a las ciudades, españolas o extranjeras: sabía de París, de Buenos Aires, de Salzburgo, de Milán. Me encontré hace poco en una taberna vieja de Madrid, en una calle de subida que sale de un costado del Teatro Real, a pocos metros de la Plaza de Oriente: un recinto de maderas oscuras, de paneles rojos con filetes dorados en las paredes, de vajilla del siglo XIX, lleno de retratos y de fotografías desteñidas, y el anciano camarero, que tenía, según él, la intención de retirarse, pero que dudaba, porque sentía, al mismo tiempo, la tentación de seguir, me contó que Barral solía reunirse ahí en sus buenos tiempos con Juan García Hortelano, con Juan Benet, con Pepe Esteban y Pepe Caballero Bonald, con Jaime Salinas, con muchos otros. ¡Qué buenas habrán sido esas reuniones, pensé, y qué buenos cocidos a la madrileña se habrán desplegado en platos hondos (comida de cuchara, se dice allá), y qué vinos!
He vuelto a revisar, con motivo de este ensayo, a los escritores hispanoamericanos que escribieron sobre Madrid: gente como el mexicano Alfonso Reyes, como el Neruda de los años 35 y 36, el que vivía en la Casa de las Flores del barrio de Argüelles, como el Joaquín Edwards Bello de innumerables crónicas y de El chileno en Madrid, como Vicente Huidobro, que vivió en un segundo o tercer piso de la Plaza de Oriente y fue amigo de Gerardo Diego, de Dámaso Alonso, de Juan Larrea, en años muy anteriores a la guerra civil. El Madrid de Alfonso Reyes es el más caminado y contemplado, el más sutil, quizá el más castizo, aun cuando esto del casticismo me parece un concepto difuso, algo sospechoso. El de Neruda es el de una mirada desde Argüelles a la meseta castellana, a sus tomates repetidos hasta el mar; el de cruzar la calle Princesa y comer en Casa Manolo, el de subir hasta la Plaza Mayor y bajar por la calle Toledo en compañía de la pintora gallega Maruja Mallo, mirando vitrinas de objetos raros y entrando a tiendas de cordeleros. El de Joaquín Edwards Bello es el de la calle de la Aduana, de la pensión de doña Paca, de la Puerta del Sol con sus cafés y sus garitos clandestinos, que él declara haber frecuentado en los años veinte y que eran, de acuerdo con su testimonio probablemente exagerado, más de cincuenta. Un buen día, y lo cuenta por intermedio de alguna de sus invenciones autobiográficas, Joaquín vio pasar un desfile real que subía por la calle Mayor y después se encaminaba en dirección a la Cibeles. Las madrileñas robustas, agitadas, dicharacheras, se empinaban para mirar las carrozas que conducían a los ministros, flanqueadas por palafreneros uniformados y de peluca, y gritaban: “¡A chupar del bote, ricos!”.
He vivido en años más o menos recientes junto a los mejores techos del mundo: menos refinados, quizá, que los de París, pero, para mi gusto, más hermosos, en su teja robusta, en sus cornisas, en sus balconajes. Era un cuarto piso de la calle Príncipe Anglona, en la esquina de la Costanilla de San Pedro. Ahí tuve un espacio interior pequeño, pero cuatro balcones insuperables. Frente a ellos se abría un paisaje de techos, de ventanas, de fachadas barrocas, en contraste con la torre mudéjar, que casi podía tocar con la mano, de la iglesia de San Pedro, y todo parecía subrayado por las campanadas de la catedral de la Almudena, que provocaban un desbande escandaloso de mirlos, de golondrinas, de palomas. Y a partir de mediados de marzo o de los primeros días de abril, los tamboreros de San Pedro empezaban a ensayar, en los interiores del convento vecino, los redobles lentos, balanceados, enlutados, de las procesiones de Semana Santa.
Uno de esos días, probablemente un domingo, después de haber tomado un par de copas con amigos en un café cochambroso de la calle del Nuncio, desperté con algo de resaca y me asomé a mi balcón predilecto. Al otro lado de la calle de Segovia, debajo de una ventana, en un mínimo pedazo de techo de tejas, se asoleaba una bella joven semidesnuda. Como tenía la parte inferior del cuerpo medio cubierta por una toalla o algo parecido, pensé que era una sirena de los tejados del barrio de los Austria. Cosas de Madrid, me dije, con el cuerpo malo, con un poco de dolor de cabeza, pero contento.
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Posteado por: omar 26/11/2007 16:47 [ N° 1 ] |
que raro que no atacó al Gral Pinochet (parece que está superando su obsesión) |
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Posteado por: Wilberio Mardones 26/11/2007 15:13 [ N° 2 ] |
Es una pena que nuestros intelectuales se pongan tan líricos con ciudades de obvia magnificiencia, mientras la nuestra, Santiago, está siendo devastada por los agentes imobiliarios, los constructores de túneles, los planificadores del transporte, los reguladores ambientales y otros emprendedores... a vista y paciencia de quienes, por su voz autorizada, como el señor Edwards, podrían tal vez contribuir a parar la aniquilación urbana en curso. |
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Posteado por: Oravla 26/11/2007 15:06 [ N° 3 ] |
Don Jorge Edwards debería saber que yo, como muchos, compramos La Segunda los días viernes básicamente por no perdernos su excelente pàgina de recuerdos de viajes, de personas, de lugares,de comidas, de tragos, de citas literarias y tantas exquisiteces, de la vida misma, para decirlo en pocas palabras...En esto es un maestro. Y por supuesto, en sus libros tambièn.... |
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Posteado por: Santiago Ciudad 26/11/2007 10:49 [ N° 4 ] |
Ya que hace un recorrido literario por Madrid, sería bueno no olvidar a la siempre postergada Gabriela, aunque la relación de la Mistral con el Poder en Madrid, en España, no haya sido, en su época, políticamente correcto, como se dice ahora. |
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Posteado por: Fernadâo Chileno 24/11/2007 16:12 [ N° 5 ] |
Jorge: Vivo em Brasil porque me gusta y aqui no necesito llamar a nadie de "don". El Futbol Chileno necesita ser repensado totalmente parece que el muro de los lamentos que antiguamente se llamaba Cordillera de los Andes, no nos deja ver la realidad de futbol de nuestros vecinos y no evoluimos como ellos, para comenzar aqui los jugadores de futbol son llamados de ATLETAS cosa que esta muy lejos de la realidad nacional,en Chile no existe humildad y el que no es humilde no aprende, ademas siempre hay personas de escasa vision dirigiendo el pobre futbol nacional tomando desiciones erradas e ilucionando a los pobres hinchas, vengan a aprender aqui, si aqui esta el mejor futebol do mundo que estan esperando? vengan a ver por que son buenos y como nacen los astros que el mundo admira y no es una arenga lo que digo podrian instalar una escuela de Futbol aqui y traer niños Chilenos y estrenadores para aca, eso no es novedad, los Chinos lo hacen a algun tiempo y puedo apostar que va dar algun resultado bueno para ellos Asi se animarian y pararian de llorar"Transantiagos" de lagrimas y rios de depresion. Aqui em Brasilia donde vivo esta lloviendo y en estos momentos estan jugando una pichanga los garotos del barrio y entre ellos esta mi hijo Joâo, por si ustedes no lo saben aqui nació Kaká y mi hijo también, Creo que voy a tomar una cerveza heladita a la salud de ustedes!!! |
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Posteado por: sixto lemus 23/11/2007 17:03 [ N° 6 ] |
Porqué no nos escribe de San Felipe, una de las ciudades más añejas de Chile en la 5ta.región, hay un dicho que dice que La Caridad Empieza Por Casa. Allí hay un mistela que no da resaca. |
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Posteado por: Gastón Rauld A. 23/11/2007 16:49 [ N° 7 ] |
Excelente, buenísimo, fluido y bien escrito. Con un giro elegante, se pone término a un tema que nos duele, pero sobre el cual no había más que decir, y a otra cosa más amable¡ A rememorar los tiempos pasados, que siempre fueron mejores, parajes y personajes de la Madre Patria, importantes, más aún con el paso de los años. Gracias, don Jorge. |
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Posteado por: Herman Aguirre Ayala 23/11/2007 15:11 [ N° 8 ] |
Antes de Nemesio Antunez fue invitado para comentar un mundial junto al sapito y el colorin, Nemesio abogaba por que jugaran 15 millones y miraran 11 y no al revez como ocurre hoy. Los muchachos se compran camisetas y zapatillas de 100 lucas ¡¡¡y no JUEGAN a la pelota¡¡¡ Antes uno jugaba a pata pela o con zapatillas de queso como mucho. |
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