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Edwards, Jorge


Edwards, Jorge
Viernes 16 de Noviembre de 2007
Persistencia declarativa

Los acontecimientos del final de la semana pasada, los de la clausura de la Cumbre Iberoamericana, fueron sorprendentes, curiosos, imprevistos, al menos en apariencia, aunque perfectamente previsibles, como lo dije precisamente en mi crónica anterior. Se sabía que Chávez iba a llegar con toda su artillería en acción y parecía muy probable que sólo recibiera como respuesta silencios y sonrisas de protocolo. Pero la verborrea izquierdosa y antiespañola provocó una súbita reacción real, ese ¿Por qué no te callas? que está destinado a pasar a la historia de nuestros encuentros y nuestros desencuentros. No puedo negar que la pequeña frase del Rey Juan Carlos me pareció una obra maestra de oportunidad y de concisión. Y el pueblo, cuyo juicio ha sido comparado muchas veces con el juicio divino, la captó de inmediato y en todo su sentido y sutileza. Ahora está desplegada encima de los puentes de las autopistas caraqueñas y resuena en los teléfonos celulares de toda España. Pocas veces una frase de cinco palabras ha alcanzado una difusión parecida. Y si uno pertenece a la especie humana de los grafómanos, de los escritores y escribidores, está obligado a mirar el asunto con sentido de la realidad, con algo de desengaño, con no poca ironía. Porque tocamos, aquí, una de las claves del lenguaje, y del poder en relación con el lenguaje.

Después del episodio del sábado 10 a primera hora de la tarde, mi reflexión sobre América Latina y sobre el mundo contemporáneo, ya que todo está conectado, globalizado, para usar el término exacto, no es demasiado optimista. En primer lugar, porque también es previsible otro fenómeno: que el Presidente Chávez no se quede callado, que siga, más bien, recargando las tintas de su discurso, y que esto marque otra etapa en aquello que él llama ‘revolución bolivariana’. Y ahora, en estos mismos días, vemos que agrega un ingrediente concreto a sus declaraciones: una amenaza a las empresas españolas instaladas en Venezuela. Si recordamos los primeros pasos de la revolución cubana, vemos que el actual proceso venezolano es parecido en más de algún aspecto. El asunto va para muy largo, aunque no nos guste, y no es posible hacerse ilusiones. Fidel Castro, en su momento, expulsó con cajas destempladas a las empresas norteamericanas y terminó por nacionalizar hasta las fuentes de soda, las reparadoras de calzado, los quioscos de venta de diarios y revistas (para no hablar de los propios diarios y de las mismas revistas). Es decir, hay una escalada en marcha, visible, que tiene diferencias importantes con los comienzos del castrismo, pero no por eso menos inquietantes. Desde luego, Chávez cuenta con unos medios económicos que Fidel Castro nunca tuvo, ni siquiera en el período de su alianza privilegiada con la Unión Soviética. Los rusos le compraban el azúcar a buen precio y le daban algo de crédito en otros terrenos, pero cuando se trataba de exportar la revolución, mantenían al régimen cubano con una rienda relativamente corta. Chávez, en cambio, reparte sus petrodólares con notable prodigalidad, en un área de influencia creciente y que llega hasta nuestras fronteras, y no está sujeto a controles internos o externos, ni a los de un partido político organizado ni a los de un Hermano Mayor instalado al otro lado del océano.

El ministro español Moratinos ha hablado de la “persistencia declarativa” del Presidente Chávez, y me parece que no está mal como frase, pero estoy convencido de que esa persistencia, comparable con una incontinencia de alguna especie, va a seguir en aumento. Es decir, Hugo Chávez, cuyo ídolo político es un comandante de guerrillas que hasta hace muy poco hacía discursos de cinco horas de duración, no se va a quedar callado porque el Rey de un antiguo país le pregunte (ya que no fue más que una pregunta) que por qué no se calla. Lo probable, entonces, es que la persistencia se transforme en un aumento, quizá en un chaparrón, algo parecido a un tsunami, y que a nosotros nos toque nuestra parte.

Para seguir con el tema de las diferencias entre los comienzos del proceso cubano y el venezolano, hay otro aspecto interesante y digno de ser observado desde cerca. El castrismo, a contar del mes de enero de 1959, tuvo que empezar a formar todo un sistema nuevo de alianzas y de influencias internacionales. La Guerra Fría le facilitó mucho las cosas en este aspecto, pero hubo momentos críticos en que su falta de autonomía, la condición de Cuba de país satélite, a pesar de todas sus ínfulas, declarativas y no declarativas, quedó en evidencia. Uno de esos momentos, el más dramático y más revelador de todos, fue el de la crisis de los misiles nucleares de octubre de 1962. Cuando algunas delegaciones comunistas le preguntaron a Nikita Kruschev que por qué no había consultado a Castro sobre el retiro de los misiles, el secretario general soviético dio una respuesta sencilla y contundente, una respuesta en forma de pregunta (como la famosa frase del sábado pasado): ¿Y si Castro hubiera dicho que no? Como la única respuesta válida era el sí, no valía la pena formular la pregunta.

A diferencia de su amigo Castro, el Presidente Chávez se interna en el camino suyo con un sistema de alianzas ya formado y curiosamente ramificado: los productores de petróleo reunidos en la OPEP, los países de América Latina gobernados por la izquierda populista, las oposiciones de tendencias afines instaladas con fuerza en otros países, como es el caso del Perú o de México, y, last but not least, como dicen los ingleses, el Irán de hoy y su poderosa zona de influencia en el Oriente Medio. En una situación de relativa estabilidad occidental como la de hoy, las fuerzas que maneja el Presidente de Venezuela no son pocas. En una etapa de turbulencia, de inestabilidad, de crisis económica, esas fuerzas podrían llegar a tener una gravitación terrible.

En un viaje reciente por Siria y el Líbano, comprobé que la influencia política, económica, militar del gobierno iraní era mucho mayor de lo que se piensa desde fuera. Y me dije que un Maquiavelo moderno habría observado con lucidez el fenómeno siguiente: que la guerra de Irak, entre una de sus consecuencias desgraciadas, previsibles, aunque no bien previstas, destruyó uno de los poderes, el de Bagdad, que contribuía a frenar el poder opuesto de los iraníes. En otras palabras, fue un tiro, el de esa guerra, que salió por la culata y que no termina de producir sus efectos negativos. El gobierno de Irán arma hasta los dientes, con todo desparpajo, a la milicia de Hezbolá, que extiende su control del Líbano y pone en jaque al ejército de Israel. Y Hugo Chávez se da el lujo de abrazarse con el Presidente de Irán en Caracas y de ponerlo en contacto con nuestro vecino Evo Morales.

El cuadro es impresionante y no se saca nada, por simpática que sea la frase, con pedirle a Chávez que se quede callado. Castro está refugiado en su hospital o en su casa, más o menos callado, aun cuando publica de vez en cuando alguna de sus columnas de opinión, pero el venezolano toma el relevo con enorme energía, con una ambición extraordinaria y con medios contundentes. ¡Vénganme a mí con frasecitas!, parece decir. Y su órbita de influencia alcanza hasta el Medio Oriente y hasta el sur de América Latina. En el centro queda la vieja Europa y un Estados Unidos que no está en la mejor de sus etapas históricas. Alguien tendría que despertar en alguna parte. No en el sentido militar del término, pero sí en el de la imaginación y la creación política. Y ese alguien no se divisa por ningún lado. No hay un Alejandro Magno o un Julio César a la vista. Ni siquiera un general Charles de Gaulle. A pesar de que Nicolas Sarkozy hace sus pinitos. Y de que nosotros miramos con la boca más o menos abierta.


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2 Comentarios publicados
Posteado por:
Javier
05/05/2008 19:25
[ N° 1 ]

Lean al salvaje César Adolfo Valdebenito, el que sacaba ese pasquín irreverente. Valdebenito bullicioso, resonante, duro,único. Un saludo desde Perú.

Posteado por:
pablo román
02/12/2007 16:34
[ N° 2 ]

Amigo Edwards.

Solo le acotaría, que el analisis aparece estático cuando se refiere a personajes que en la dinamica diaria cambian su discurso de acuerdo a la coyuntura o interes que los rigen.
No olvide usted como buen escritor, que el medio ambiente es dinámico y cambiante, por lo que "la diplomacia del micrófono" es bien audaz muchas vecez. usted la denomina, la "persistencia declarativa".

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