Rodrigo Fica
Montañista
Otra de las razones para sostener la idea de lo equivocada que está la política antártica nacional es la forma cómo se ha relacionado con los montañistas chilenos.
Que nuestro país no los utilice para apuntalar la tambaleante soberanía es algo que no impide que igual nosotros vayamos por cuenta propia. Interés que tiene el potencial de convertirse en una primigenia corriente migratoria que, en el largo plazo, haría mucho más por establecer chilenos en Antártica que lo que podría resultar de cualquier plan maestro gubernamental.
Soñar no cuesta nada, dado que lamentablemente eso no ha ocurrido. La actividad exploratoria-deportiva-recreativa civil ha sido históricamente tan reducida que en la práctica es como decir nada.
Se me escapan de la memoria los esfuerzos privados chilenos que ocurrieron antes de la caída del muro de Berlín. Pero da lo mismo; con o sin ellos igual me alcanzan los dedos de las manos y los pies para contarlos: los viajes de García, el del DAV a la Península Antártica, Purto en el Vinson (y luego también el Ejército, INACH y UMAG), Flores et al en su travesía al Polo Sur, los circuitos guiados por Alejo Contreras, la travesía de Jordán, los chilenos de Fundación Omega, los programas contratados por la familia Luksic y la presencia de Patricia Soto.
Parece mucho, pero, insisto, es nada si se les entra a comparar con quienes son nuestros competidores antárticos directos: Inglaterra, Noruega y EE.UU. Hacer un listado aquí de lo que ellos han hecho en igual lapso de tiempo sería imposible. Olvídenlo. Me tomaría años generar los varios volúmenes con las historias de naciones que ya ambicionaban llegar al Polo Sur cuando nosotros sólo éramos capaces de mirar dos metros más al norte de Copiapó (esfuerzo que nos agotó tanto que preferimos regalar la Patagonia para no tener surmenage).
Chile puede ser un sobresaliente o mediocre pueblo exploratorio, pero el hecho que sus ciudadanos particulares no se hayan manifestado en Antártica, a pesar de la evidente cercanía física, no se debe a falta de interés. Es otra la causa: ir cuesta dinero. Mucho, pero mucho dinero.
Es más. Es el lugar más caro de visitar que existe hoy en nuestro planeta. Para que se hagan una idea, vean los costos: visitar las colonias de los pingüinos emperadores en el mar de Wedell, US$ 41.000. Ir al Polo Sur en avión: US$ 35.000. Ir caminando es peor: US$ 75.000. Subir la montaña más alta con guía incluido: US$ 32.000; sin guía: US$ 23.000. Participar de la ultra maratón: US$ 16.000. ¿Mejor navegar? El puro velero saliendo desde Puerto Williams cuesta US$ 12.000. Valores POR PERSONA.
Y esto es sólo por concepto de transporte. Al cual todavía hay que sumarles el gasto incurrido en vestimenta (US$ 3.000 por persona), equipo técnico (US$ 10.000 por grupo), comunicaciones (US$ 4.000), seguros (US$ 5.000)... y así. Por supuesto, sin ni siquiera entrar a considerar cosas como costos alternativos o sueldos.
Esa es la simple razón por la cual a pesar que hoy en día existen opciones para ir a Antártica, un chileno promedio no puede ir, quedándole como única alternativa intentar formar parte de lo que va quedando de la Nomenklatura, algo que, como ya expliqué antes, es más malo que comer litre.
Quizás estén pensando que si los montañistas civiles no pueden ir a Antártica, es mala pata no más. Qué así es la vida y que no es asunto nuestro. Pero el problema, EL GRAN PROBLEMA, está en que esa misma barrera de entrada económica sólo existe para nosotros, los chilenos; no para los ciudadanos particulares del primer mundo. Debido al desarrollo deportivo, la masa de practicantes y al estándar de vida disímil, si para ellos es posible gestionar US$ 30.000 por persona para un viaje a Antártica, nosotros no podemos. Tremendo colador estructural que no tiene nada que ver con deporte, talento, ciencia o presencia y que cuya correlación llega a molestar: mientras más ciudadanos pudientes tengas, más actividad antártica tendrás.
Eso explica por qué mientras la presencia nacional sigue rondando el cero, al mismo tiempo, todos los años llegan a Antártica cientos de escaladores para realizar más y mejores actividades que causan impacto, difusión y conciencia. Personas que se suman a otras centenas que les dan soporte y luego a las miles que conforman la base de la pirámide de visitantes. Los números asustan, ya los entregué antes, no voy a repetirlos de nuevo.
Resumiendo. Si los montañistas y exploradores nacionales necesitan apoyo para ir a Antártica no es porque estén acostumbrados a la teta socialista. Es porque sin ella no hay forma de romper la barrera de entrada económica, una que sólo afecta a los chilenos y que ha terminado por hacer que cada día que pasa Antártica sea menos nuestra que nunca.
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Posteado por: Carlos Woodh Sina 07/10/2008 12:14 [ N° 1 ] |
Buen articulo Rodrigo! te sugiero lo hagas llegar al Instituto Antartico de Chile. |
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Posteado por: PEDRO FABRES 07/10/2008 16:00 [ N° 2 ] |
RODRIGO, TE FELICITO POR TU VALENTIA Y CLARIDAD PARA EXPRESAR UNA MAS DE NUESTRAS REALIDADES TERCERMUNDISTA. |
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Posteado por: Juan Carlos C. 07/10/2008 16:46 [ N° 3 ] |
Ya pues, y qué dijo el otro..... |
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Posteado por: uroborus 08/10/2008 09:45 [ N° 4 ] |
Ahora nos pusimos populistas...jajaja |
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Posteado por: Tasmi 09/10/2008 08:44 [ N° 5 ] |
La piedra filosofal no es el turismo... definitivamente no están comprendiendo algunos al autor. El turismo o las actividades deportivas son un ejemplo de miles de formas de difundir, proteger y demostrar real interés. Que algunos lectores se atrevan a dar sus opiniones aquí y que alguien ponga en la palestra al menos el tema. Ayuda, porque estoy segura de que al menos más de alguién cuando escuche hablar de Antártica o de los planes que el Gobierno tenga para ella, tendrá una opinión... al menos... y eso ya es un avance. |
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Posteado por: Olav Fimmen 09/10/2008 13:29 [ N° 6 ] |
Excelente Reportaje Denuncia. |
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