Rodrigo Fica
Montañista


Rodrigo Fica
Esta Tonta Actividad (Estrecho de Nuestros Sueños V)

Surgen imperios, caen los tiranos y todo, absolutamente todo, cambia. Excepto, claro está, el menosprecio intelectual con que se mira al Turismo.

Visto como un tonto gustito, asociado al whisky, la piscina y el shopping banal (con o sin sexo), es sólo admitido parcialmente por los ilustrados cuando se ven las cifras económicas que mueve. O porque ayuda a combatir en algo el estrés contemporáneo. Pero conceder más que eso, nop.


Ahora bien, quedarse con tal imagen
sería tan injusto como decir que la ópera es aburrida sólo porque no nos gustó "Romeo y Julieta” (que, de partida, es una obra de teatro). Sí, es verdad que los anteriores estereotipos no son del todo falsos, pero también es cierto que el Turismo es una actividad amplia, tan así que basta con que pongamos un pie fuera de casa para estar haciéndolo. La World Tourism Organization lo reconoce así, pues lo define como todas “las actividades de personas viajando y permaneciendo en lugares fuera de su ambiente habitual, por no más de un año, por placer, negocio u otros propósitos”.

Realidad que saco a colación porque en el caso de Antártica, que es el pecado original de esta larga y lata serie de artículos, fue precisamente esta actividad tan poco “inteligente” (el Turismo) la que al final delató la falta de precaución ambiental de las bases científico-militares. Situación que generó escozor, pero que al final ayudó a mejorar las cosas: los operadores se vieron obligados a ser tan rigurosos como decían que eran, se estableció una verdadera opinión pública y se demostró que el Turismo Antártico era una realidad con la cual había que aprender a convivir.

Es cosa de ver las cifras. Según la IAATO (International Association of Antarctica Tour Operators), y sólo considerando pasajeros arribando por barco, de prácticamente 0 visitantes que hubo durante décadas, se pasó en
1992 a
más de 5.000, para luego tener 13.826 en la temporada 1999-2000 y, seis años después (en el 2006-2007), ¡29.530!

Fenómeno que, como es entendible, trae consigo nuevos problemas, tales como el impacto ambiental y la problemática de los rescates. Cuestiones que nos son recordadas con frases catastróficas por la Nomenklatura cada vez que un barco se hunde, con el objetivo último de convencer a la opinión pública que si el Turismo no es encauzado a través de ellos, habrá mayores pérdidas humanas y económicas. O sea, en el fondo (y en pedir no hay engaño), volver a darles a ellos el poder de acceso que alguna vez tuvieron.

Comentarios que no hacen más que ser coherentes con algo que es poco conocido por la gente: el rechazo de piel que causa el Turismo en las organizaciones antárticas oficiales. Una sensación que cruza fronteras y que se palpa y huele en cualquiera de los institutos, operadores o fuerzas armadas que allí actúan. Para todas ellas, y más allá de lo que los documentos oficiales expresen, el Turismo sigue siendo un cacho, algo con lo cual deben lidiar a regañadientes y que viene a complicar las predeterminadas vidas de quienes están en las bases.

Ordenemos el debate. Las críticas al Turismo Antártico son válidas y merecen ser discutidas. Por ejemplo, efectivamente hay impacto al ecosistema y es justo encauzar el fenómeno para normarlo. Pero cualquier discusión debe ser hecha con perspectiva, porque las actividades turísticas sólo representan el 0,5% y, aunque esta cifra sigue al alza para probablemente no descender jamás, nunca podrá ni siquiera entrar a competir con los impactos que produce las actuales logísticas oficiales. Tomen el caso de EE.UU; para abastecer a las 1.400 personas que viven en verano en McMurdo (en la costa antártica) debe realizar 250 vuelos anuales desde Christchurch (ubicado en Nueva Zelanda) y, de ahí, para apoyar a las 200 personas que habitan la base Amundsen-Scott (localizada en el Polo Sur mismo), entre octubre y febrero deben realizar varios vuelos diarios. Eso significa, por si no lo están visualizando, mucha maquinaria, harto aceite derramado y más petróleo quemado.

Otra cosa a considerar. Cuando hablamos de Turismo Antártico, por supuesto que no sólo deberíamos considerar al "turista", sino que a la estructura completa que lo soporta: pilotos, marinos, médicos, mecánicos, auxiliares... Y no es un número menor. Si a los 29.530 pasajeros que hacía referencia antes, les agregamos los llegados en avión, la cifra sube a
37.552, a
los cuales todavía hay que sumar quienes los atendieron (2.430) y la tripulación de los naves (19.890). O sea, casi 60.000 personas. ¡Más que la población que tiene Coyhaique!

Es mucha gente... De los cuales casi un tercio proviene de EE.UU., siendo seguidos lejos por los británicos (14%), alemanes (12%), australianos (8%), canadienses, holandeses, suizos y otros.

La pregunta de cajón. ¿Y Chile?

Bueno, ¿la verdad?, estadísticamente hablando, un poco más que cero, un poco menos que nada.

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