Adolfo Dell' Orto Selman
Montañista


Adolfo Dell' Orto Selman
El tonto sustito (II parte)

Me imagino que estaban tremendamente impacientes por ver en qué termina esta apasionante historia. Retomemos pues.


…Tras dejar el control policial donde zafamos y aún con las cañuelas temblando, enfilamos victoriosos rumbo al famoso cajero automático, supuesto terminal de todas nuestras angustias. Entre preguntas, señas, muecas y ruiditos, conseguimos, que nos dieran las coordenadas
del mentado cajero.


“Ahí está…estamos listos”, pensamos con forzado alivio. Nos acercamos, pusimos de a una las tarjetitas y…ta-ta-ta-tánnn!!!: de las 7 tarjetas, no aceptó ni una sola. Tal cual. Cero. Luego de su respectiva chuleta a la maquinita ante la tímida mirada de dos mujeres cubiertas con sus pashminas, decidimos, aún impávidos, buscar más cajeros. Hablamos con un policía y nos dio una lista de éstos (5 en total, aún me acuerdo). ¿Qué creen que pasó? ¡Exacto!: nuevamente todas rechazadas.


Explicarles el estado de ánimo es absolutamente innecesario. Mientras deambulábamos a paso de zombie, nuestra maravilla de taxista, quien por un módico precio nos llevaría también de vuelta, se esfumó (debe tener origen chileno). Quedamos solos, con algunas lucas (rupias) y más botados que perro de Chaitén.


Entramos a un negocio de algo (venden cada cosa) y de alguna manera nos derivaron donde un caballero que hablaba castellano. Antes de ir donde este supuesto mesías, teníamos que hacer contacto vía teléfono satelital.
Para quiénes se salvaron y no leyeron la columna anterior, el tema nace por el porte de este aparatito en esta zona.

Sigamos. Entramos a un restorán y partí a esconderme al baño para llamar a nuestros amiguis. Como buen baño paquistaní, carecía de “trono”, sólo un hoyo en el suelo y una barrita para afirmarse. Llamé y hablé con el volumen más bajo que pude. (lamenté que no hubiera W.C, para tirar la cadena y disimular la voz).


¡Comunicación! Mis compañeros se alegraron de saber que vivíamos, pero en 2 segundos empalidecieron a más no poder cuando les informé de las nuevas. “Tranquilo papá, lo vamos a arreglar”, fue mi esperanzadora frase de aliento. Partimos donde este caballero que resultó ser todo un patiperro y entre sus numerosos viajes, vivió en España mucho tiempo. Don Abdul Gayum, notable personaje (igualito a Nelson Acosta pero con barba). Nos ayudó a gestionar las lucas en todos lados, pero no hubo caso. Hasta que —brillante mi compañero Alex—, le ofrece a don Abdul hacer una falsa compra en su tienda por x monto a cambio
del necesitado efectivo y para él, una suculenta comisión. Sale y vale.


Nos quedamos en su linda pensión (habían chinos, polacos y otros más). Al margen: es impresionante —o no tanto— pero muy pocos saben que existe Chile. En fin.


Día siguiente. Hicimos un último contacto telefónico con nuestros compañeros y nos subimos a un flamante taxi Jeep “agárrate de lo que puedas” Renegade, conducido por el hijo de don Nelson y nos fuimos, con las lucas y más sonrientes que usuario de metro en verano al encuentro con el resto.


Pero, obvio, faltaba sortear los controles policiales. El primero, a la salida de la ciudad, cero atado. En el segundo, nos miraron con cara de pocos amigos, pero no pasó nada. Lucimos una sonrisa de parlamentario (falsa) y todo bien. Puro relajo.


Y, lógico, cuando menos lo esperábamos, hubo un tercero. Quiero ser breve y objetivo en mi anécdota: a lo lejos divisamos un puente lleno, pero lleno de autos, camiones y buses. Muchísima gente en fila con bolsos, mochilas y maletas en el suelo y, no exagero, decenas de militares y policías enojadísimos, con sus armas bien levantadas. “Na, es sólo control para los que entran, no los que salen”, tratamos de autoconvencernos. Negativo señores. Nos detienen y bájense por favor.
Chu…(palmazo en la frente).


Obedecimos temblando. Miro hacia un costado y veo a un grupo de personas con las manos sobre la cabeza y todas sus maletas vaciadas, con militares revisando hasta los calzoncillos de ellos. “Listo, ya está, sonamos”. Palabra que me acordé de la película “El Expreso de Medianoche”. En Paquistán, sin consulado ni menos embajada, nos veíamos tras las rejas exigiendo una llamada a la Presidenta para que nos fuera a buscar.


Los miltares hablan con el chofer, quien les dice algo, pero parece no importarles. Otro llama a Alex y pide su mochila. Él, más calmado, se acerca y algo le murmura en su inglés atarzanado. A mí me llamaron pero no fui. No es que sea valiente, sino que estaba petrificado y no podía caminar. Vuelven a llamarme, ahora con evidente cara de enojo y di medio paso…hacia atrás. Tenía toda la cara de “hice algo malo”.

¿Creen en los milagros? Ahora yo sí. De la nada, aparece un agitado policía que informa algo. No tengo idea qué habrá sido ni me interesa, pero los militares, devuelven nuestras cosas y desaparecieron. “Ehhh, ¿vámonos?”, “Yes”, responde nuestro también acongojado chofer.


Nos subimos y aparentemente nos teletransportamos. El chofer convenció al Jeep que era un F1. La siguiente media hora no hablaba aún del sustito.


Ya más repuestos y con algo de color en la cara, alcanzamos el punto donde comenzaron la marcha nuestros compañeros el día anterior. Este es un pequeño caserío donde habitaba muy poca gente, pero, curiosamente, habían muchos esperándonos. “Que son buena onda”, pensamos. Nuestro chofer, creyéndose Alvaro Salas, nos comenta: “Deben saber que andan con plata”.

Chuu…(otro palmazo en la frente, que a esa altura ya estaba roja). ¿La tercera es la vencida? Tal vez fue nuestra cultura occidental la que nos afloró, pero la verdad es que esta gente sí nos estaba esperando, pero para señalarnos que había un jeep dispuesto para acercarnos en la marcha.

Nos subimos un poco recelosos, pero nada, todo bien. Descendimos de éste al acabarse el camino vehicular y emprendimos la marcha de varias horas hasta encontrar al resto del grupo. No recuerdo haber sido tan feliz de verlos cuando nos volvimos a juntar.


Grande don Nelson.

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6 Comentarios publicados
Posteado por:
JWASTAVINO@GMAIL.COM
04/07/2008 14:41
[ N° 1 ]

Resulta "rico " leer relatos de este tipo, pero, cuando se esta viviendo la situación, "ESO SI QUE ES RICO" ¡¡¡¡¡¡¡

Posteado por:
Ximena Rodríguez
04/07/2008 16:58
[ N° 2 ]

Si la mitad de lo cuestas es cierto, los felicito. Gran valor aventurarse en esas condiciones. Todo sea por el montañismo.

Posteado por:
Raúl Oberreuter Olivares
05/07/2008 12:05
[ N° 3 ]

Sólo me queda una duda respecto de todo esto.

¿Realmente fue muy muy muy mala suerte o se podría haber preveído todos esos "alcances" del viaje?

Pregunto eso debido a que són conocidas y múltiples las expediciones Chilenas a los 8 mil, ¿esta era la primera expedición en esa zona específica?

De todas formas independiente de lo perfecto que se desean que sean las cosas, estos leves contratiempos son los que te hacen llegar más alto que un 8 mil.

Saludos y suerte en todo

Posteado por:
Mafre
09/07/2008 21:26
[ N° 4 ]

Buen final. De todas maneras coincido con lo dicho antes, no se podían prever todos esos problemas? los antes y los de este final , donde salio todo bien?
:)

Posteado por:
Golondrina
14/07/2008 20:14
[ N° 5 ]

Pasa en las películas... pasa en la vida real.
Exelente!!!!

Posteado por:
Fer
15/07/2008 20:40
[ N° 6 ]

no la había visto!!! entretenido, esos son los recuerdos que nunca se olvidan, a pesar del tiempo.
felicitaciones

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