Felipe Van de Wyngard
Triatleta
Qué mejor momento para tocar este tema que ahora… ya estamos a poco más de dos meses del inicio de los JJ.OO de Beijing, todos los deportes están culminando sus procesos clasificatorios, los favoritos para ganar medallas entran en la parte final de su preparación, la efervescencia e interés de los fanáticos del deporte aumenta, los ojos del mundo ya miran a Beijing.
En el mundo del triatlón, todos los ojos también mirarán a Beijing, aunque ojos del mismo mundo mirarán con distintos puntos de vista. Algunos lo harán sin mayor interés y quizás hasta con desprecio –¿no será acaso un poco de desconocimiento, impotencia o simple envidia?– a esta especialidad que “no es triatlón de verdad”; otros verán con asombro el rendimiento que mostrarán los atletas en dicha cita, tal vez debido a que saben todo el esfuerzo y dedicación que se requieren para llegar a nadar, pedalear y correr a ese nivel, pero también pensando un poco de que este no es el triatlón de verdad, que eso no es para los Ironman de verdad. Pero habremos otros que miraremos con verdadera admiración, fascinación y entendimiento.
Los del primer punto de vista son los triatletas de la “vieja escuela”, que les gusta sólo el Ironman y que no son capaces de entender ni aceptar otros formatos de competencia. Pienso en desconocimiento, impotencia y envidia porque quizás no han tenido la oportunidad de desarrollarse en la distancia Olímpica o sencillamente no son técnicamente capaces de hacerlo.
El triatlón Olímpico como tal es relativamente nuevo comparado con las pruebas de larga distancia y sigue evolucionando año a año; desde el año 2006 el circuito ITU se volvió extremadamente competitivo, no sólo en la categoría Elite, sino también en Sub 23 y Juniors. Hace 6 años atrás los campeonatos sudamericanos y panamericanos en categorías juveniles muchas veces casi no tenían competidores; en el reciente Panamericano de Mazatlán, la categoría Junior contó con más de 70 atletas de todo el continente. Para asistir a cualquier copa del mundo o campeonato continental es necesario clasificar –lo que no es nada fácil– y, luego, en la meta, entran 30 competidores en 3 minutos (es una carrera de 2 horas).
El triatlón Olímpico ha alcanzado un nivel de especialización impresionante, donde tienes que dominar los aspectos técnicos específicos de los tres deportes, es el deporte de más rápido crecimiento y desarrollo de los últimos años, y promete seguir por el mismo rumbo; ya se pronostica que para el próximo ciclo Olímpico de Londres 2012 la lucha por los cupos de clasificación será “a muerte” y comenzará muy fuerte desde el año 2009.
Pero ocurre un fenómeno un poco difícil de describir. En nuestra cultura deportiva aun está muy arraigado el pensamiento de que más es mejor, mientras más horas entrenas o más larga es la duración de la prueba, más difícil; los mismos deportistas no se dan cuenta que la exigencia de una prueba corta es mucho mayor cuando se hace a un ritmo intenso, la preparación para poder desarrollar cualidades anaeróbicas es mucho más desgastante, y el esfuerzo y tolerancia al dolor que tienes que ser capaz de soportar es mucho mayor en estas distancias. Cuando entrenas y compites una prueba más corta no es porque no tengas la capacidad de completar la distancia larga, sino porque haces un esfuerzo específico que tiene un objetivo específico dentro de la preparación para tu prueba. Si bien estoy generalizando, me atrevo a decir que para preparar y competir una prueba de larga distancia, básicamente tienes que tener paciencia para cumplir con las largas horas de entrenamiento y encontrar tu propio “ritmo”; en el Ironman compites a tu ritmo, en el Olímpico, compites al ritmo de quienes son mejores que tú.
Algunos ejemplos de esta mentalidad son el tipo de comentarios que generan las participaciones de triatletas especialistas en distancia Olímpica en diversas competencias deportivas: en la maratón de Santiago corres los 10K y es infaltable el “¿…y vas a correr sólo 10 Kilómetros?”; en la ascensión a Farellones subes hasta Villa Paulina y viene el “¿y subes sólo hasta la mitad?”; en la temporada nacional, “¿vas a competir sólo Olímpicos? ¿…y no vas a correr Pucón?”.
A menudo me preguntan – dándome a entender que soy obstinado y hasta “gallina” – por qué compito en esta especialidad y no doy el gran paso a la larga distancia, que es mucho más reconocida y, claro está, más difícil y destacable. La respuesta es fácil: todo lo contrario amigos, el desafío es mayor acá, el trabajo es más fino acá y la recompensa acá es de verdad… ¿qué deportista no ha soñado alguna vez con competir en unos Juegos Olímpicos?
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Posteado por: CESAR NUÑEZ H. 23/05/2008 08:40 [ N° 1 ] |
FELIPE: |
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Posteado por: Jessica 27/05/2008 07:54 [ N° 2 ] |
Halo Felipe, |
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Posteado por: Rod Ballivián S 28/05/2008 22:36 [ N° 3 ] |
Hola Felipe: |
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Posteado por: Aldo Ivan 15/06/2008 12:54 [ N° 4 ] |
Muy buena columna...podrias escribir mas sobre como clasificar a los olimpicos/planes estrategicos para entrenar/competencias a tomar en cuenta en el continente americano/ y un poco sobre los juegos de Beijing?... saludos... |
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