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Molina, Sergio


Molina, Sergio
Una fecha para recordar

Hace veinticinco años, el 25 de agosto de 1985, se firmó el Acuerdo Nacional. Es conveniente recordar su gestación y su proceso porque representan una lección de sabiduría y generosidad política.

A comienzos de 1985, siendo arzobispo de Santiago don Francisco Fresno, se percibía un grado creciente de descontento popular, exacerbado por la represión del gobierno. Esta sensación, avalada con experiencias dramáticas, era recogida en las parroquias de los barrios populares y transmitida al arzobispo, quien tomó la difícil decisión de buscar alguna forma para consultar con las personalidades del mundo político una salida pacífica a una situación que amenazaba ser cada vez más violenta. Para la tarea, pidió la colaboración a José Zabala, su amigo y asesor laico, a Fernando Léniz y a quien escribe este artículo, para preparar los temas que se deberían tratar y elegir las personalidades invitadas.

El proceso de entrevistas duró algunos meses y se tomó nota de cada una. Al final se hizo una síntesis de los acuerdos y desacuerdos que de ahí surgieron. El arzobispo, ya designado cardenal, citó a todos los entrevistados, que representaban alrededor de once tendencias políticas, pues los partidos estaban fuera de la ley. En la reunión en que por primera vez se encontraron todos, se comprobó que había muchos puntos de acuerdo, lo que llevó al cardenal a plantear que su función se había cumplido y que les correspondía a los políticos formular una propuesta que permitiera dialogar con el gobierno para lograr un retorno pacifico a la democracia. Los convocados aceptaron el desafío y propusieron que las tres personas que habían colaborado con el arzobispo actuaran como coordinadores.

Entonces llamamos a los asistentes a encontrarnos próximamente, dándonos algún tiempo para llevar una propuesta que sirviera de base a las conversaciones. Recuerdo con emoción esas reuniones en que, por primera vez, se sentaban juntos quienes se consideraban enemigos políticos irreconciliables. Estaban alrededor de la mesa personas que habían sido torturadas y también quienes habían participado en el gobierno militar. Lograr la confianza mutua fue posible sólo por la generosidad de los participantes y por la convicción de que el acuerdo entre ellos podía permitir un retorno pacífico a la democracia.

En las deliberaciones participaron diecinueve personas y hubo dos no firmantes que sin embargo adhirieron al Acuerdo, cuyo primer párrafo dice:

“Como contribución al llamado a la reconciliación nacional formulado por S.E., el Cardenal Arzobispo de Santiago, y como testimonio de la disposición de muy amplios sectores políticos y sociales del país a un gran acuerdo nacional que asegure la evolución pacífica hacia una democracia plena y auténtica, todos los que suscriben este documento, en un gesto positivo hacia la reconciliación que se desea, expresan su apoyo a los principios políticos, económicos y sociales que a continuación se enuncian”.

Lo que estaba en juego en este solemne acuerdo era el gran objetivo de recuperar la democracia, pero en ese tiempo existían violentas contradicciones entre los actores políticos, que parecían irreconciliables para los observadores nacionales y extranjeros. No obstante, hubo generosidad para superar tanto esas contradicciones, como las culpabilidades personales, permitiendo que las virtudes se impusieran a las pasiones.

Entre el 25 de agosto y el 24 de diciembre de 1985 se hicieron todas las gestiones posibles para establecer un diálogo con el gobierno militar, pero la obstinación del general Pinochet lo hizo imposible. El 24 de diciembre de 1985, Pinochet recibió al cardenal Fresno en La Moneda y le comunicó oficialmente que no hablaría del Acuerdo Nacional y que se diera vuelta la página. Sin interlocutor no había diálogo, y así el gobierno puso término a una posibilidad de volver a la democracia de manera pactada y pacífica.

Algunos argumentan que el Acuerdo Nacional no tuvo éxito. Considerado como un hecho aislado puede ser verdad, pero la recuperación de la democracia fue un proceso que tuvo hitos históricos: la Alianza Democrática, el propio Acuerdo, la movilización social, la campaña por las elecciones libres, la campaña del No, el plebiscito y las elecciones que condujeron a la recuperación de la democracia a partir de 1990.

El Acuerdo Nacional no fue sólo un acuerdo, es una gran lección que debemos recordar: siempre el interés nacional debe estar por encima de los intereses personales o de un grupo.

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4 Comentarios publicados
Posteado por:
Guillermo Carrillo Lagos
25/08/2010 18:22
[ N° 1 ]

Sin personas como Sergio Molina,y otras tantos jamas habriamos caminado hacia la recuperacion de la Democracia,tal cual fue el lema"sin odio y sin violencia" ojala los politicos actuales,sacaran lecciones de lo que fue trabajar en equipo, paso a paso hasta el 5 de octubre de 1988.

Posteado por:
M. Muñoz
30/08/2010 16:40
[ N° 2 ]

Sr. Molina, buen artículo sólo le faltó considerar que en la Constitución Política de Chile del año 1980, estaba aprobado por la ciudadanía, lo que estipulaban los artículos Decimotercera, Decimocuarta, Vigesimaoctava y Vigesimanovena transitorios, y que se cumplió tal como lo ordenaba la Constitución, recuperando la democracia en los plazos estipulados.
Atte.

Posteado por:
Sergio Blume
01/09/2010 20:33
[ N° 3 ]

Bueno, en países mas desarrollados se dan este tipo de cosas, y aun mayor profundidad, la señora Angela Merkel presidenta del Reichstach ha hablado en el Knesset, congreso de Israel, la dirigencia de Israel ha visitado Alemania muchas veces, los alemanes visitan Inglaterra y vice versa, el Sr. Sarkozy mantiene amistad política con la Sra. Merkel, en fin

Posteado por:
Carlos
21/03/2011 11:24
[ N° 4 ]

Ese Carrillo hombre!!!!
De qué democracia se habla??
Esa de las coimas, pitutos, sobresueldos, y de bonitas intenciones??

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