Los abrazos rotos
Por Ana Josefa Silva V.
Harry Caine, seudónimo de Mateo Blanco (Lluís Homar), es un guionista ciego que alguna vez fue director de cine. Judit, su directora de producción, siempre ha estado a su lado y sigue siendo su gran apoyo. Ella (una masoquista de vocación) es de ese tipo de mujeres que, a fuerza de oportunas lealtades, sabe cómo adueñarse de un hombre y quedárselo para sí, aunque eso implique usar en su beneficio la desgracia de aquél.
Para sobrevivir, Harry-Mateo ha tomado dosis masivas de “erosión de memoria” (“Tokio ya no nos quiere”, Ray Loriga) y disfruta de sexo ocasional con desconocidas. El accidente que sufre Diego, el hijo adolescente de Judit, a quien conoce desde pequeño, lo pone en situación de abrirse a sus dolorosos recuerdos, lo que es reforzado por la aparición de un oscuro sujeto que dice tener material filmado para un documental de un empresario que acaba de fallecer.
En “LOS ABRAZOS ROTOS”, Pedro Almodóvar se vuelca al melodrama en estado puro, aquel que ha servido de inspiración a lo más clásico del género telenovelero latino (que seguirá funcionando mientras existan personas que sigan soñando con los peces de colores).
A través de racontos, “Los abrazos...” reconstruye la historia de Mateo, cuando éste se enamora apasionadamente de Magdalena, Lena (Penélope Cruz), una chica que convive con un poco atractivo millonario. El engañado se ha encargado de vigilar a los amantes incautos, mientras éstos filman un largometraje que tiene a Lena de protagonista.
Amores perros, amores tormentosos, amores traicioneros... Pura fatalidad...
Sin embargo, esta es una historia que tiene una enorme fe en el poder de sanación de las verdades reveladas (o en los milagros).
“Los abrazos rotos” aparenta ser la película más convencional de Pedro Almodóvar. Sus personajes son más pueriles que estrambóticos y el amor imposible es tan corriente como aquello de chica-pobre-casada-con-millonario-viejo-y-feo se enamora de pintoso-director-de-cine-pobre. Pero, de a poco, los personajes se van desdoblando hasta lucir su sello almodovariano.
Para mayor seña, cuando los amantes están en una cabaña de Famara ven por TV una película de Rossellini (“Te querré siempre”, en traducción española). Como en casi todas las películas de Almodóvar, aquí también hay mucha presencia y referencia cinéfila (desde “Sabrina” y “Desayuno en Tiffany” a “Blade Runner”, pasando por Fritz Lang y un largo etc.)... Sin considerar que lo que convoca a estos seres es precisamente el rodaje de un filme.
No es lo único: Almodóvar juega con los planos de realidad, en película sobre película, lo que ocurre en el set, lo que se filma, lo que pasa fuera de él y lo que se está grabando sin que se enteren los protagonistas. Este juego de verdades y planos cruzados y superpuestos, con distintas pantallas que parecen mostrar las bambalinas y el corazón de hacer cine, es lo que hace más inquietante a la película, como una nueva manera de deconstruir la realidad, la que ciertamente tiene resultados insospechados.
Sólo al final del día nuestro protagonista se entera de cómo es que han sido sus serviciales y leales amigos quienes han manejado su destino. Harry-Mateo —que ha perdido a la mujer de su vida— es un hombre ciego, que, para mayor tragedia, alguna vez vio el sol.
“Yo voy por el mundo a tientas desde que te he conocío”, canta la música final.
“LOS ABRAZOS ROTOS”
Reparto: Penélope Cruz, Lluís Homar, Blanca Portillo, José Luis Gómez.
Dirección y guión: Pedro Almodóvar
España, 2009.
Duración: 1 hora 53 minutos.
TODO ESPECTADOR + 7
INTERESANTE
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Posteado por: Martín 14/01/2010 11:04 [ N° 1 ] |
ERNESTO OTTONE Y LUCIANO CRUZ-COKE DEBATEN SOBRE "EL VOTO CULTURAL" EN POLÍTICA STEREO. |
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